Verdad y Vida
MIAMI
Hoy es autora del libro «Necesito a Papá». Ayer fue consejera del Club 700. Es psicóloga y tiene un llamado ministerial ordenado por la Internacional Holiness Pentecostal Church. Lo cierto es que Ofelia Pérez cumple con su labor de educar a las familias aplicando los principios de la Palabra de Dios en su vida.
Actualmente esta escritora reside en el centro de la Florida -Estados Unidos-, es madre de Sara y Aldo, y abuela de Sofía.
¿Por qué escoge el tema de «Necesito a Papá» para su libro?
- Es la primera vez que contesto toda la verdad. Tengo varios bosquejos, tengo dos o tres libros listos para publicación y hace tres años me levanté por la mañana y dije: «Bueno Señor yo quiero que tú me digas qué libro de estos someto», tenía la oportunidad de incorporarlo en la casa Creación y él me dijo: «Ninguno de los que tienes, quiero que investigues, que escribas sobre la paternidad ausente». A mí no me gustó, no me revelé porque yo soy realmente creyente y dije: «Bueno tendré que obedecer», y le dije a Dios: «Ay papá pero por qué me tienes que poner a escribir sobre un tema que me duele tanto», Él no me contestó y yo obedecí.
Tras la decisión de hacer caso al mandato divino, Pérez comienza a investigar información que le permitiera sustentar el tema, dándose cuenta que «el problema de la ausencia paterna, física y emocional es la primera causa de los problemas sociales de la delincuencia, de los jóvenes que están en la cárcel, de los jóvenes que están en abuso de sustancia y de las muchas que tienen embarazos adolescentes».
- De ahí me dediqué durante los pasados tres años a hacer una investigación, yo he sido durante más de treinta años consejera pastoral y tenía records y he estado en contacto con miles de casos, donde la paternidad ausente había sido causa de muchos problemas, entonces reuní esa experiencia y reuní las estadísticas y decidí escribir un libro, pero no solamente para presentar la problemática y crear una alerta sino también una propuesta de soluciones, a nivel individual y soluciones a nivel de padre, a nivel de madre, de hijos, de iglesia, de cortes y de legislatura.
¿Por qué le duele tanto este tema?
-Porque, en primer lugar, yo tuve un padre que fue físicamente ausente, luego vivió con nosotras y fue emocionalmente ausente, era un padre con muchos problemas psicológicos. Yo no tuve una niñez feliz, pero durante mi madurez y proceso, sobre todo estar en Cristo, perdoné a mi papá en el Señor, le tuve la compasión que debe tener un hijo a su padre, que yo creo que le debe tener, lo cuidé cuando lo tuve que cuidar y durante ciertos años Dios se encargó de que yo entrara en contacto con la primera familia del lado de él, y empecé a entender sus acciones.
Durante el proceso de acercamiento de Pérez a su padre, las cosas comenzaron a ponerse en perspectiva. Había entendido muchas de las razones por las que su progenitor había sido y era de esa manera. «Lo perdoné y me di cuenta una vez más, y esto está bien trillado, pero siempre ocurre, que él no me podía dar lo que no le habían dado a él. Y está perdonado, amado, retengo sus mejores cualidades y tengo que admitir que fue la única persona durante mi niñez que siempre me dijo que el espíritu hay que alimentarlo, que el hombre es algo más que carne y hueso y tu desarrollo espiritual lo tienes que atender».
DISEÑO CORROMPIDO
«Con respecto al papel de la mujer, Pérez confiesa que «la liberación de la mujer le ha traído su propia esclavitud, en la Palabra de Dios la mujer es ayuda idónea. Dios no la creó para hacer todo el trabajo, yo creo el Señor fue bastante claro, que el hombre en el hogar es cabeza y protector; y la mujer es la ayuda».
De igual manera, explica la importancia de que «nos demos cuenta que si Dios hubiera querido que el hombre estuviera solo y la mujer estuviera sola, los hubiese hecho solos. Y no fue así, los hizo para constituir una unión y para que cada cual fuera ejemplo de diferentes cualidades en la vida». Para ella, los cristianos no tienen excusa alguna para poseer problemas de paternidad ausente, «puedo sonar muy dura, pero definitivamente yo sí creo que eso es así».
En cuanto a los que no son cristianos, Pérez refuerza los buenos valores a sabiendas que el ser humano está «muy acostumbrado a la gratificación rápida» y que por consiguiente todo sea fácil.
«Si yo me porto bien con mi esposo hoy, yo quiero que enseguida él haga lo que yo quiera; si yo le traigo el pan a mi esposa hoy, se supone que ella haga lo que yo diga y los hijos no», ejemplifica la psicóloga asegurando que los padres quieren acostumbrar a sus infantes a esta crianza, lo que supone una contradicción, pues esta autora asegura que las relaciones basadas en principios morales y valores como el amor, «deben ser cultivadas día a día, cosa que olvidamos muchas veces».
Condiciones actuales como padres «irresponsables», que abandonan sus hogares, y madres que a causa del desamor afrontan la carga entera de un hogar, son las que Pérez atribuye a un nuevo modelo implantado en familias disfuncionales, en las que «la figura paterna de un hombre pareciera no ser necesaria».
«Es muy fácil decir: ‘No, yo puedo sola’, y eso lo oigo todos los días en radio y televisión, y en personas, ‘yo puedo sola. Yo no lo necesito a él’, no nos ceguemos más, eso es falso. Sí necesitamos al padre de nuestros hijos. Sí necesitamos que nos ayude. Sí necesitamos que esté junto a nosotras. La crianza es fuerte, sobrevivir financieramente es una tarea ardua y necesitamos ese brazo protector que debería ser el imitador de Dios en la Tierra para ayudarnos a criar esos hijos en balance», explica esta autora que es necesario la figura paterna en la crianza de niñas, que luego puedan seleccionar una pareja.
Una de las cosas que esta autora señala en el libro «es que las jovencitas las tenemos que enseñar a escoger y después a enamorarse. Ya por supuesto me salieron al paso y me hablaron de las hormonas y todo lo demás y yo voy a insistir en mi punto, las jóvenes tienen que escoger pareja que después les sirva como padre de sus hijos». Y para ser no sólo tarea de chicas, puesto que «los jóvenes necesitan modelos de hombres, de padres en sus casas, para que ellos sepan lo que les conviene y lo que no les conviene hacer y les creen estabilidad, de manera que en el futuro, sean buenos padres de sus hijos también».
RESERVADO PROGRESO
«Necesito a Papá» fue lanzado en Mayo de 2011 y sin embargo, las promociones para este escrito son prominentes. Quizás se deba a que esta autora tiene más de treinta años en el ámbito de la escritura investigativa.
¿Algún otro proyecto en camino, hermana Ofelia?
- Tenemos un seguimiento de ese libro, pero la verdad es que prefiero reservármelo y quiero integrar en el próximo proyecto todas las reacciones, ya sean por email todos los testimonios que ocurran, que tengan que ver con este libro, porque yo creo mucho en esos conceptos. Son conceptos probados. Parte de mi consejería pastoral, muchos de esos consejos y muchas de esas ayudas se han comprobado, en conducta yo tengo muchos amigos, no quiero llamarles ni clientes ni pacientes, que han mejorado significativamente sus relaciones con sus hijos. Yo quisiera agregar algo, el divorcio está rampante, no nos gusta. No me gusta. No estoy de acuerdo a menos que esté amenazada la seguridad y la vida de alguien, por supuesto.
Es así como Pérez relata que en una oportunidad le preguntan en un programa de televisión «¿qué vamos a hacer las parejas divorciadas con esos padres? Y entonces tengo que insistir en el punto: ‘mire usted se divorcia de su pareja, pero no de los hijos’, y los hombres tienden a divorciarse de sus hijos y yo pienso que el problema empieza porque el padre, le deja todo a la madre. Desde que el niño nace y no establece su propia relación con su hijo».
- Una cosa es la relación madre e hijo, y en el hogar es otra que es padre e hijo. Ese niño desde que nace debe oír la voz de ese padre, sus brazos, su olor, su cariño, su afecto, su nivel primario, que es donde empieza a imprimir que hay un amor y de ahí en adelante ese padre tiene que estar cerca para todo. Si desafortunadamente hay una separación matrimonial, ese padre debe seguir cultivando esa relación con ese hijo, que la mujer interfiere porque tiene problemas de control, ese siempre es el problema. De todas maneras, ese padre divorciado le compete ir por encima de eso y observar una buena relación con sus hijos, la mujer tiene que empezar a entender que ese es el padre de sus hijos, que a ella le conviene, si no lo quiere entender de esta manera, y no quiere entender que el hijo necesita eso, pues entonces que entienda que a ella le conviene que ese padre de sus hijos la ayude.
¿Alguna visita próxima a Venezuela, tiene alguna invitación?
-Tan pronto me inviten voy, de hecho estamos planeando algo.