Fernando Alexis Jiménez
Pastor
Padre e hijo pasaron veinte años antes de perdonarse. El incidente ocurrió cuando el joven llegaba tarde a casa y recibió la recriminación de su progenitor. Fue un sábado en la madrugada. El escándalo fue de tal manera mayúsculo, que decidió irse de casa. No regresó.
Volvieron a verse durante el sepelio de la madre. Debió ir. Estaba obligado a hacerlo por razones sentimentales y morales. Tenían el propósito de no hablarse. Sin embargo fue inevitable. La presión de la familia y de las amistades, hizo necesario que cruzaran algunas palabras.
El diálogo, inicialmente breve, les permitió descubrir que habían guardado un enojo sin razón. Equivocado. Dañino. Y por veinte años se habían privado de la posibilidad de tener trato.
La comunicación que sostuvieron, les permitió perdonarse. También comprender lo mucho que tenían en común. Padre e hijo acordaron comenzar de nuevo. A partir de cero. Reconocieron que había mucho por vivir...
NO GUARDE CARGAS EN SU CORAZÓN
Todos tenemos la posibilidad de perdonar o de guardar rencor en el corazón. No estamos obligados, pero sí acarreamos con las consecuencias. ¿Qué hacer entonces? En la Biblia se recomiendan varias cosas: 1.- Reconocer que hemos fallado. 2.- Ir a Dios en oración. 3.- Permitir que Dios nos sane.
El autor sagrado escribió: «Por eso, confiésense sus pecados unos a otros, y luego oren unos por otros. Hagan eso para que Dios los sane...» (Santiago 5:16).
No está bien que siga albergando en su ser resentimientos. Antes que edificación, genera perjuicio. Un cristiano no debe guardar rencor. No es algo que honre y glorifique a Dios. Nos corresponde ir a Su presencia en procura de que trate con nuestro ser.
No deje pasar este día sin tomar la mejor decisión de su vida: recibir a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida. ¡Su existencia será transformada!