martes, junio 9, 2026
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Justicia y perdón: El principio bíblico frente al ejercicio del poder

Un perdón que no detiene la violación de los derechos humanos no es perdón, es complicidad con el mal. Como Iglesia y como sociedad, recordamos que Dios no puede ser burlado

La semana pasada, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, instó a los venezolanos en el exterior a «superar» resentimientos, «perdonar» y regresar al país, asegurando que Venezuela se está recuperando. La frase «supéralo, perdónanos y vente» busca cerrar la polarización y fomentar el retorno, reconociendo dificultades pasadas, pero generando escepticismo en la diáspora sobre la sostenibilidad de dicha recuperación. La petición fue realizada durante un encuentro en el estado Miranda, en el marco de la «peregrinación antisanciones».
Cuando funcionarios legislativos, gubernamentales, jurídicos o de la índole que sea, hablan de perdón y de moralidad, es nuestro deber como ministros de Jesucristo responder en esta materia que es de obligada competencia nuestra, no buscando dimes y diretes políticos, sino proporcionado un valor agregado a este tema que Dios nos delegó legislar en el mundo espiritual.
El perdón es, quizás, uno de los regalos más sublimes que el ser humano puede recibir y, a la vez, uno de los desafíos más grandes que debe otorgar. A través del sacrificio de Cristo, el Señor obtuvo para nosotros el beneficio de su perdón por pura gracia. Sin embargo, este regalo conlleva una responsabilidad ineludible: Dios exige que perdonemos a nuestro semejante para que nosotros podamos, a su vez, ser perdonados y disfrutar de su paz y gozo.
En el marco del debate público actual, es imperativo recordar que el perdón, según la doctrina bíblica (La Parábola de los dos deudores en Mateo 18:23-35), no es un salvoconducto para la impunidad, sino un proceso que nace de un corazón quebrantado y una rectificación profunda. Como bien señala la Escritura, el Reino de los cielos se rige por principios de justicia que no pueden ser ignorados por quienes ostentan autoridad.

LA NATURALEZA Y PROFUNDIDAD DEL PERDÓN

La parábola del siervo que no quiso perdonar (Mateo 18:23-35) nos revela el corazón de Dios frente a nuestras deudas espirituales. Jesús nos enseña que el perdón no es un sentimiento, sino una decisión de la voluntad.

  • Libertad y Justicia: El perdón nos libera de la persona que nos ofendió y nos libra del juicio divino. Existe una «ley de retribución» espiritual: perdonar trae perdón sobre nosotros.
  • Obligación de corazón: Perdonar es una obligación. No debemos decir «no puedo perdonar», sino reconocer cuando «no queremos perdonar». Una vez otorgado, el perdón implica no reclamar nunca más lo pasado; debe hacerse de corazón, tal como el rey de la parábola, quien se movió a misericordia.
  • El principio del Padre Nuestro: Jesús fue enfático en Mateo 6:9-15 y Lucas 11:1-4. La oración modelo nos instruye a pedir: «Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores». Si no perdonamos las ofensas de los hombres, nuestro Padre celestial tampoco perdonará las nuestras.

Es interesante notar las raíces griegas que usa la Biblia para referirse a la deuda. Desde el apodídomi (devolver lo prestado) hasta el dáneion (un préstamo que se convierte en regalo por misericordia), vemos que el pecado genera una obligación (ofeilé) que sólo el perdón puede cancelar. Estas verdades bíblicas siguen operando con poder hoy en día.

ES NECESARIO QUE LOS POLÍTICOS ENTIENDAN ESTO…

El perdón no es olvido, es transformación
El texto de Mateo 18 presenta a un siervo que, tras ser perdonado de una deuda impagable, sale y violenta a su semejante. El error de este personaje no fue pedir perdón, sino no haber sido transformado por el perdón recibido.

  • La voluntad y el hecho: Bíblicamente, el perdón no se «siente», se decide. Pero esa decisión es nula si no viene acompañada de un cese de la ofensa. No se puede clamar por misericordia mientras se mantiene la mano sobre el cuello del prójimo (Mateo 18:28).
  • La deuda espiritual: El término griego ofeiléo implica una obligación real. Quien viola derechos fundamentales genera una deuda no sólo con la ley humana, sino ante el tribunal divino.

La raíz de amargura y la justicia retenida
La falta de perdón y la persistencia en el daño crean lo que Hebreos 12:15 denomina una «raíz de amargura». En el contexto de una nación, esta raíz se alimenta cuando se pide perdón de labios afuera mientras los hechos (la violación de derechos humanos) continúan contaminando la convivencia.

  • La ofrenda rechazada: Mateo 5:23-26 es taxativo: Dios no acepta la adoración ni el servicio de aquel que tiene una cuenta pendiente con su hermano. La reconciliación no es un discurso, es el acto de «ponerse de acuerdo con el adversario» mediante la restitución y el cese de la agresión.

El juicio para el “siervo malvado”
El pasaje de Mateo 18 concluye con una advertencia severa para el gobernante o el líder que actúa con doble moral. El señor de la parábola llama «malvado» a quien, habiendo recibido gracia, se niega a ejercerla con sus subordinados, y en nuestro caso con el país en general (incluyendo los presos de conciencia).

  • La Ley de Retribución: La Biblia enseña que «con la vara que midas, serás medido». Pedir perdón mientras se aborrece o persigue al hermano es, según 1ª Juan 3:15, una forma de homicidio espiritual que anula cualquier posibilidad de vida eterna permanente.

LA RESPONSABILIDAD DEL GOBERNANTE: ENTRE EL PERDÓN Y LA JUSTICIA

Respuesta a la solicitud de clemencia institucional bajo la luz de Mateo 18:23-35.
En el ejercicio del poder, el perdón no puede ser utilizado como una herramienta de retórica política para evadir responsabilidades. El pasaje de Mateo 18:23-35 no es sólo una enseñanza sobre la piedad individual, sino un tratado sobre la ética de quien tiene autoridad sobre otros.

1. La autoridad delegada y el deber de justicia
Todo aquel que ostenta poder debe entender que su autoridad es delegada y que, por tanto, rendirá cuentas ante un Juez Superior. En la parábola, el rey llama a «hacer cuentas».

  • El abuso de confianza: El «siervo malvado» fue condenado no por su deuda inicial, sino por su hipocresía. Pedir clemencia por las faltas propias mientras se aplasta al ciudadano es una afrenta directa al carácter de Dios.
  • Derechos Humanos y la Biblia: Cuando la Biblia habla de «no matar» o «no oprimir al prójimo» (Mateo 5:21-22), establece que el respeto a la integridad del otro es una deuda sagrada (ofeiléo). No hay perdón divino que valide la violación sistemática de la dignidad del ser humano, creado a imagen de Dios.

2. El perdón exige el cese de la opresión
El arrepentimiento bíblico (metanoia) requiere un giro de 180 grados. No se puede caminar hacia el perdón mientras se avanza en la agresión.

  • La reconciliación como acción previa: El mandato de Mateo 5:24 es claro: «Deja allí tu ofrenda… y reconcíliate primero». Para un gobernante, «reconciliarse» significa detener la persecución, liberar al oprimido y restaurar la justicia. Sin estos hechos, el pedido de perdón es una «ofrenda» vacía que Dios rechaza.
  • La trampa del perdón sin justicia: Como dice Hebreos 12:15, permitir que continúen las violaciones es sembrar una «raíz de amargura» nacional. Un perdón que ignora el sufrimiento de las víctimas no trae paz, sino que institucionaliza el resentimiento.

3. El veredicto sobre el opresor
La advertencia final de Jesús en el versículo 34 es escalofriante para quien abusa del poder: el señor, enojado, «lo entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que debía».

  • La Ley de Siembra y Cosecha: Quien utiliza la ley para oprimir, termina atrapado por la Ley Divina. El gobernante que pide perdón, pero no muestra misericordia con su pueblo, se cierra a sí mismo la puerta de la gracia.
  • La deuda con el prójimo: El perdón que Dios otorga está condicionado a cómo tratamos a los más vulnerables (Mateo 6:15). Si el Estado sigue golpeando, su deuda espiritual crece, independientemente de sus discursos públicos.

EL VERDADERO ARREPENTIMIENTO

Para que un perdón sea efectivo y traiga la paz que Venezuela necesita, debe haber un cambio de dirección. La palabra griega para arrepentimiento es metanoia, que significa un cambio de mentalidad que se refleja en un cambio de conducta.
Cualquier llamado al perdón que no incluya el cese inmediato de las violaciones y la reparación de los daños es una distorsión del mensaje de Cristo. Como dice Mateo 6:14-15, la llave de nuestro propio perdón está en cómo tratamos al otro. Dios no puede ser burlado: el perdón que se pide debe ser el mismo que se otorga en hechos, justicia y verdad.
El perdón es un principio del Reino: perdono y seré perdonado. No permitas que una ofensa terrenal te robe una bendición eterna. Decide hoy soltar la deuda ajena, para que la tuya, que fue pagada por Cristo en la cruz, sea también cancelada por la gracia del Padre.
El perdón es el camino para la sanidad de Venezuela, pero es un camino que pasa por la Verdad y la Justicia. Un perdón que no detiene la violación de los derechos humanos no es perdón, es complicidad con el mal. Como Iglesia y como sociedad, recordamos que Dios no puede ser burlado: sólo el que confiesa su pecado y se aparta alcanzará misericordia (Proverbios 28:13).

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