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Promesa o sentencia, Eduardo Padrón

Dar y no dar implican dos formas de vida; cargan una promesa y una sentencia respectivamente. ¿Cuál te define?

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“El que da al pobre no tendrá pobreza; Mas el que aparta sus ojos tendrá muchas maldiciones” (Proverbios 28:27).
Conocí a un líder en aquellos días cuando se redefinían las concepciones teológicas de pobreza y riqueza. Una vez dijo: “la pobreza es pecado”. Traté de advertirle, pero rechazó todo razonamiento. La nueva semilla estaba sembrada.
Es curioso como la predisposición ciega el entendimiento. “A los pobres los tendréis siempre” recordó Jesucristo, y hallamos unas cuantas prescripciones en la Biblia sobre ellos. Es clara al mostrarnos que el rico y el pobre son pecadores, pero la pobreza no es pecado, es el producto de esa condición. Así que el punto en nuestro proverbio es cómo respondemos a este problema.
El término “pobreza” podría ser una figura que describe a quienes son escasos en bondad y misericordia, porque hay ricos que realmente son pobres. Tal vez se asuma que la exhortación apunte hacia ellos, pero no es así. Note que alude “al que da” y al “que aparta sus ojos” que puede ser cualquiera. Por tanto, la promesa y la sentencia de nuestro proverbio las dirige Dios a todos: tenga mucho o poco; a usted y a mí.
Hay quienes no dan porque no tienen, y otros sólo apartan la vista para evitar la autocensura, “ojos que no ven, corazón que no siente”. Son como el mar Muerto, acumulan para su ruina espiritual y personal. La sentencia es que se llenarán de “maldiciones”, y aunque no sean necesariamente económicas, serán desdichados como aquel viejo del conocidísimo cuento de Dickens.
Recalquemos entonces la promesa. Deuteronomio 15:10 enseña: “porque por ello te bendecirá Jehová tu Dios en todos tus hechos, y en todo lo que emprendas”. Dar y no dar implican dos formas de vida; cargan una promesa y una sentencia respectivamente. ¿Cuál te define?

Eduardo Padrón
Pastor, comunicador y escritor
edupadron@gmail.com

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