
La mentira no puede avalarse ni ocultarse, debe contrarrestarse; el no hacerlo nos hace cómplices y nos inculpa, llevándonos a arrastrar las consecuencias que de ella se deriva
La historia dejará evidencia de cada una de las actuaciones que tengamos en el presente, y nos pasará factura por todo aquello que encubramos tras las sombras del silencio.
Ser conocedor de la verdad, me compromete con ella y guardar silencio ante el agravio y la mentira es un hecho de alta traición del cual todo ser viviente dará cuenta ante el tribunal del gran trono de Dios.
Escrito esta que “Todo aquel que sabe hacer el bien y no lo hace, comete pecado” (Santiago 4:17), razón por la cual no sólo pecamos por nuestras propias acciones, sino también cuando omitimos hacer lo que es correcto y nos corresponde.
Vivimos en tiempos de posturas duales y acomodaticias, donde decir la verdad y defender lo genuino se ha vuelto relativo según la conveniencia del caso y las repercusiones de la misma, tiempos en donde se ha diluido el principio de la integridad, la gallardía y la valentía.
Todo hijo de Dios y discípulo de Cristo, está llamado a ser una lámpara que irradie luz y anuncie la verdad a todo costo, no se concibe un hijo de Dios que se congracie con las tinieblas y esconda su luz; por ello debemos ser una lámpara encendida que ilumine el camino de aquellos que buscan la verdad en consonancia con la máxima bíblica: “Nadie enciende una lámpara y la pone en un lugar donde se oculte, ni debajo de una vasija, sino que la pone en un candelero para que los que entran vean la luz” (Juan 11:33).
Los hijos de las tinieblas se mueven en la oscuridad, obran con astucia y se mueven a su conveniencia, son cómplices de la mentira y operan desde el engaño, encubriendo sus actos y pervirtiendo el derecho y la justicia, justificando sus acciones según su conveniencia sin importar el perjuicio causado.
Ante esta disyuntiva de ser aliados de la Verdad o cómplices de la Mentira, la Biblia nos advierte que nuestras obras serán puestas a prueba y sometidas al fuego de Dios y nuestras vidas serán pesadas en balanza y según el peso que demos seremos aprobados o reprobados “de manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12).
La mentira no puede avalarse ni ocultarse, debe contrarrestarse; el no hacerlo nos hace cómplices y nos inculpa, llevándonos a arrastrar las consecuencias que de ella se deriva… es una decisión que toda persona debe asumir en la vida, si ponerse del lado de la verdad o ser cómplice de la mentira.
Al final, seremos recordados por los hombres y juzgados por Dios, no por nuestras buenas intenciones, sino por nuestras decisiones y nuestras omisiones…
Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz


