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BIBLIATERAPIA: El propósito de Dios nos direcciona de manera correcta, Lisbet Borjas F.

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Debemos apropiarnos del propósito de Dios para con nosotros, y en función de este, direccionar el nuestro; es decir, encontrar el por qué y para qué estamos aquí

Existen innumerables estudiosos, filósofos, libros, contenidos, coach y “gurús motivadores” que plantean la importancia de descubrir el propósito de nuestra vida para poder trascender y lograr nuestra anhelada paz y armonía espiritual, mental y emocional. Incluso, se plantea que, del propósito de nuestra vida, también dependen nuestros logros y éxito personal, profesional y empresarial; y como emprendedores. Esto, porque lo ideal es que nuestro propósito esté alineado con nuestra vocación y en la medida de lo posible, con nuestra profesión, en caso de tenerla.
Con la logoterapia, el doctor austríaco, Viktor Frankl, propone que la mejor manera de superar las adversidades, los obstáculos y el sufrimiento, es encontrando y teniendo un propósito en nuestra vida. Mientras que el pastor y predicador, Carlos Mraida, nos dice que “vivir sin propósito es una pesada rutina que se repite cada mañana.  Es por eso que tenemos que tomar nuestras decisiones en función del propósito de Dios para nuestra vida”.
Y al respecto, agrega: “Nada más triste, frustrante y dramático que ser exitoso en lo que no era nuestro propósito en esta tierra; por eso nuestra vida tiene que llegar a hacer aquello que Dios pensó para nosotros”. Y como dice el pastor Sugel Michelén: “El hombre que no vive para la gloria de Dios y para tener comunión con él a través de Jesucristo, no sirve para lo que fue creado”.

EL PRIMER Y PRINCIPAL PROPÓSITO

Nuestro propósito de vida está dirigido en dos direcciones: Una, hacia la búsqueda de la trascendencia espiritual y el desarrollo de nuestro “ser”, orientado en nuestra relación y comunión con Dios, por ser él nuestro creador. Génesis 1:27: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Y la otra, orientada en el desarrollo del “hacer y el tener”. En los logros, títulos y éxito alcanzado, y en los bienes, dinero y recursos obtenidos. Esta última, va a depender de la primera, porque mientras más fortalecido esté el Espíritu Santo de Dios en nosotros, más claridad mental, equilibrio emocional y bienestar material, físico y corporal vamos a tener.
Mateo 6:33, dice: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”.
Al respecto, Dios también nos dice en su Palabra que cumplirá su propósito en nosotros, porque “su misericordia es para siempre” (Salmo 138:8); y “a los que aman a Dios, y conforme a su propósito son llamados; todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28).
Dios también nos creó con el propósito de que le conozcamos, amemos, adoremos y glorifiquemos. Por este motivo debemos ser obedientes a su primer y gran mandamiento: “Y amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5).
Es por esta razón que debemos apropiarnos del propósito de Dios para con nosotros, y en función de este, direccionar el nuestro; es decir, encontrar el por qué y para qué estamos aquí, y cuál es nuestro don vocacional, y con el cual somos mejores prestando un servicio a los demás, y así poder también imitar a Jesucristo cuando dijo en Mateo 20:28: “…El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.
Nuestro trabajo, responsabilidad y decisión, es descubrir el propósito de Dios en nosotros; y esto cuanto antes, mucho mejor; con el fin también de mantener una actitud constante de satisfacción, contentamiento y agradecimiento; incluso cuando tengamos que afrontar adversidades, y momentos y situaciones difíciles.

Lisbet Borjas F.
Periodista
@lisbetborjas

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