
La grandeza de Jesús no se manifestó al mantenerse por encima de ella, sino al acercarse a su dolor para restaurarla. Se inclinó para levantar a quien había caído
Una de las lecciones de liderazgo más impactantes de las Escrituras se encuentra en el encuentro de Jesús con la mujer sorprendida en adulterio.
Aunque la mayoría conocemos este relato, existe un detalle que merece especial atención. Aquella mujer fue expuesta públicamente, humillada delante de todos —semidesnuda o quizás desnuda— y utilizada como un trofeo por la élite religiosa de su tiempo. Su vergüenza quedó al descubierto mientras sus acusadores buscaban una condena amparada en la ley de Moisés.
Los escribas y fariseos la llevaron ante Jesús con la intención de ponerlo a prueba. Según la ley, quienes eran hallados en adulterio debían recibir un severo castigo. Sin embargo, en lugar de participar en el juicio precipitado de la multitud, Jesús respondió con una cuestión que atravesó la conciencia de cada presente:
«El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella» (Juan 8:7. Reina-Valera 1960).
Aquellas palabras transformaron el escenario, porque uno tras otro, los acusadores comenzaron a dejar caer las piedras y a retirarse, ya que lo que inició como una ejecución pública, terminó convirtiéndose en una confrontación personal con el propio pecado.
Entonces ocurre algo extraordinario. Jesús, que tenía toda autoridad para condenar, se inclinó y se colocó al nivel de aquella mujer. Cuando ya no quedó nadie para acusarla, le preguntó ¿dónde estaban sus acusadores?, y en lugar de destruirla, le ofreció una oportunidad para comenzar de nuevo:
«Ni yo te condeno; vete, y no peques más» (Juan 8:11. Reina-Valera 1960).
La grandeza de Jesús no se manifestó al mantenerse por encima de ella, sino al acercarse a su dolor para restaurarla. Se inclinó para levantar a quien había caído. Descendió hasta su realidad para mostrarle gracia, verdad y esperanza.
Líder, te pregunto: ¿estás dispuesto a descender para ayudar a quienes no pueden levantarse por sí mismos? Jesús, siendo el Hijo de Dios, se acercó al quebrantado, al rechazado y al culpable. De la misma manera, muchas veces se ha acercado a nosotros cuando hemos estado caídos.
El liderazgo de alto impacto ocurre si estamos dispuestos a inclinarnos para levantar a otros.
Este artículo no fue escrito con inteligencia artificial.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn


