
Antes de exaltar lo malo, celebra lo bueno en otros
Entreno y formo líderes. Acompaño a equipos en sus procesos de crecimiento y trabajo para que los sueños que habitan en las personas avancen hacia su realización. Esta vocación define mi manera de vivir el liderazgo y orienta cada decisión que tomo en el camino. Liderar implica mirar más allá del resultado inmediato y comprometerse con el desarrollo integral de quienes caminan a nuestro lado.
Sin embargo, a lo largo del tiempo he recibido innumerables sugerencias sobre cómo debería corregir a los miembros de mi propio equipo de trabajo. Escucho con frecuencia expresiones cargadas de urgencia y juicio. Algunas personas consideran que señalar el error de manera inmediata es una obligación incuestionable del liderazgo. Otras se sorprenden ante la paciencia y la espera, y cuestionan la forma en que se manejan determinadas situaciones.
Esta reacción no es extraña. Existe una tendencia muy marcada a estar atentos al error ajeno. Con facilidad nos convertimos en observadores atentos del fallo, en vigilantes permanentes de aquello que otros hacen mal. Identificar la falta suele resultar inmediato, casi instintivo. El problema surge cuando esta actitud se transforma en una práctica constante dentro del liderazgo.
Cuando el liderazgo se ejerce desde la corrección permanente, las personas comienzan a protegerse. El equipo aprende a ocultarse, a guardar distancia, a actuar con cautela excesiva. El ambiente se llena de defensas, de silencios y de temor a equivocarse. En ese contexto, la confianza se debilita y la fe en el proceso, en el líder y en ellos mismos comienza a erosionarse.
El liderazgo de alto impacto cuida aquello que se edifica en el interior de las personas. Sabe que el crecimiento sostenido requiere un entorno donde la confianza pueda florecer, donde el error se transforme en aprendizaje y donde la corrección tenga un propósito restaurador. La forma en que un líder observa, habla y señala marca profundamente la cultura del equipo.
Por esa razón, he tomado una decisión consciente en mi manera de liderar. Me propongo observar con atención aquello que está bien. Busco identificar los pequeños avances, los gestos correctos, las decisiones acertadas y los esfuerzos sinceros. Cuando encuentro algo valioso, lo menciono. Lo afirmo. Lo celebro. Esta práctica fortalece el ánimo, despierta responsabilidad interna y desarrolla convicción en quienes forman parte del equipo.
Líder, considera este enfoque con honestidad. Atrapar a las personas haciendo algo bueno y expresarlo con claridad transforma la dinámica del liderazgo. La afirmación oportuna construye fe, despierta compromiso y fortalece la identidad. Esta manera de liderar genera espacios donde las personas crecen, aprenden y se atreven a avanzar.
Haz la prueba. Vívelo en tu propio contexto. Observa cómo cambia el ambiente cuando el liderazgo decide formar desde la afirmación intencional y la corrección sabia. Funciona porque edifica desde adentro, y porque honra el propósito de formar personas antes que simplemente señalar conductas.
Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn


