
Esta segunda parte ofrece 42 ideas reflexivas acerca de lo que significa a la luz de la Biblia la unidad de la Iglesia, no sólo en Venezuela, sino en el mundo
ALGUNAS IDEAS ACERCA DE LA UNIDAD
- Si queremos que los demás vengan a nosotros, debemos estar dispuestos a ir donde ellos.
- El estado natural de la iglesia evangélica en nuestro país (y en cualquier otro lugar) debe ser la unidad. Así fue como la concibió Jesucristo cuando pidió al Padre en su oración intercesora: “…No ruego solamente por estos, (hablaba de los discípulos), sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos (hablaba de nosotros, la iglesia de hoy), para que todos sean como tú, Oh Padre en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, PARA QUE EL MUNDO CREA QUE TÚ ME ENVIASTE”.
- Es un deber rechazar las actitudes de nuestro corazón que albergan pensamientos de división, de contención de sectarismo. Tenemos que contribuir a que el cuerpo sea, en esencia, uno. Para ello debemos ejercer autoridad sobre todo principado o potestad que se quiera levantar en contra de la unidad de la iglesia de Jesucristo.
- La base de la unidad es el respeto. La unidad debe basarse en cuestiones FUNDAMENTALES; las cuestiones colaterales o secundarias no deben provocar divisiones.
- Unidad significa comunión, enmienda, fraternidad, reconocimiento, solidaridad, diálogo, tolerancia, participación, compromiso, caridad, misericordia, perdón; aceptación del disenso; en una palabra: Unidad significa, amor.
- Unidad es desechar la idea de que somos mejores que otros: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.
- Debemos de potenciar la unidad dentro de la variedad. Unidad no es un mundo fantástico donde los desacuerdos nunca surgen y las opiniones adversas nunca se manifiestan con fuerza. Unidad no es ausencia de conflictos, sino la presencia de un espíritu conciliador.
- Unidad no es acabar con las Denominaciones, ni renunciar a las Organizaciones; sino unirlas integralmente para salvar a Venezuela. Unidad es enfrentar el desacuerdo y manejarlo de manera que honre a Dios.
- Unidad es desechar la idea de que somos mejores que otros: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria, antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.
- Debemos de potenciar la unidad dentro de la variedad. Unidad no es un mundo fantástico donde los desacuerdos nunca surgen y las opiniones adversas nunca se manifiestan con fuerza. Unidad no es ausencia de conflictos, sino la presencia de un espíritu conciliador.
- Para que la unidad se haga realidad no tenemos que sacrificar los principios ni los valores, ni las formas de culto, ni las tradiciones sanas, porque unidad no es necesariamente, uniformidad.
- Unidad es conocernos más para entendernos mejor; para ello debemos ser amistosos, comprensibles, amables, como dice la Palabra de Dios: “…Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables, no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino, por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición”.
- Es poder trabajar juntos para lograr con mayor eficacia el establecimiento del Reino de Dios. Es respetarnos mutuamente sin que eso signifique hipotecar nuestros principios ante situaciones de pecado.
- Por unidad, debemos entender, darle prioridad a Cristo y al Evangelio. La Iglesia es primero un organismo vivo y luego una Organización. La variedad de pensamientos es normal. Si hemos sido lavados con la sangre preciosa del Cordero, somos hermanos en Cristo. Hagamos énfasis en lo que nos une y no le demos tanto valor a las diferencias adjetivas. Debemos aceptar lo que somos y lo que no somos.
- Unidad es entender que lo tradicional y lo cultural son cosas transitorias, mientras que el fundamento bíblico es eterno. Es poder adorar juntos al Señor de todos y no formar grupos impenetrables, pues somos miembros los unos de los otros.
- Es aprender a aceptarnos y a perdonarnos. Es comprender que, a pesar de la diversidad, la unidad nos beneficia a todos, porque beneficia a la obra de Dios, de la cual tú y yo somos parte.
- Es minimizar el yo y no permitir que un enojo enfríe la amistad. Nuestra oración debe ser: Señor, ayúdanos a ser y a estar unidos y a no olvidar que nuestro enemigo siempre divide a quienes quiere derrotar.
- Una demostración de que somos Iglesia de Cristo, es que, a pesar de que no haya una estructura administrativa con autoridad de sujeción, nos miramos como hermanos y reconocemos en otros el mismo sello regenerador del Espíritu Santo, pues somos herederos de un mismo Evangelio e hijos de un mismo Señor.
- Por cierto, uno de los milagros de Jesús fue mantener unidos a los discípulos. A pesar de sus notables diferencias, todos (menos Judas) llegaron a cumplir con su llamamiento hasta dar sus vidas por el Señor.
- Jesús les dijo que no se fueran de Jerusalén, sino que esperaran hasta que fuesen llenos del poder de lo alto. Así que por diez días, ciento veinte discípulos, incluyendo a María, la madre de Jesús, estuvieron JUNTOS Y UNÁNIMES en espera de la gran promesa.
- El apóstol Pablo hace una irrefutable comparación referida a la unidad usando el cuerpo humano. Cada miembro tiene diferentes funciones sin prescindir del otro. Todos nos necesitamos y complementamos. Es cometido de la iglesia buscar la unidad en la natural diversidad y mantenerla. Hay que respetar el derecho a disentir.
- Quizás el Señor no puede obrar más en cuanto al avivamiento por la falta de unidad de su cuerpo. Un cuerpo dividido es un contrasentido. Una Iglesia dividida es una contradicción.
- En Salmos se nos habla de estar juntos y además, en armonía. El Señor dijo que el mundo conocería que somos sus discípulos por el amor que nos tendríamos unos a otros.
- Unidad es tener el valor de sacrificar lo secundario para fortalecer lo básico. Es no permitir que nos separen las normales diferencias de criterio cuando tengamos que hacer nuestra tarea común. Es aceptar la verdad de lo colateral, dentro de lo esencial.
- Antes de despedirse de su ministerio terrenal, Jesús había rogado al Padre por la unidad de sus primeros discípulos y por los que habían de creer por la palabra de ellos, es decir, por nosotros.
- La unidad es gloriosa porque la iglesia es gloriosa. “La gloria que me diste les he dado para que sean UNO como tú y yo somos UNO”.
- El apóstol Pablo hace una irrefutable comparación con la unidad usando nuestro cuerpo. Cada miembro tiene distintas funciones sin poder prescindir del otro. Todos nos necesitamos y complementamos. Es cometido de la iglesia buscar la unidad en la diversidad y mantenerla.
- Los corintios fueron amonestados severamente porque en ellos había focos de división. “Pues habiendo entre vosotros celos, disensiones y contiendas, ¿no sois carnales y andáis como hombres?”.
- La unidad requiere de un esfuerzo espiritual. Así se les dijo a los efesios: “Con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad en el vínculo de la paz”.
- “Un cuerpo y un espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos”.
- La salvación -decía Francis Shaeffer- es individual, pero no individualista. No podemos hacernos cristianos, sino a partir de una decisión individual. Sin embargo, nuestra salvación no es solitaria; el pueblo de Dios está llamado a vivir en comunidad.
- Debemos aceptar sencillamente que no tenemos que ser el centro de atracción; aquello que los demás están haciendo también es importante y hay que reconocerlo sin mezquindad.
- Unidad es aceptar que hay otros que hacen las cosas mejor que nosotros, porque saben más y tienen mayor experiencia y reconocer con humildad que tenemos que aprender de ellos.
- Unidad es entender que la diversidad forma parte del carácter de Dios expresado en nosotros, que somos su creación.
- Si queremos la unidad de la iglesia debemos estar dispuestos a respetar a quienes llegaron primero que nosotros; y a los que llegaron después, también.
- La unidad supone aceptar sin titubeos que hay cosas que debemos cambiar.
- Un espíritu humilde que conlleva a la unidad es poder imitar sin rubor lo bueno de los demás. No siempre tenemos que ser originales.
- Ayudaríamos a la unidad si supiéramos que, si Dios no se molesta con nuestras naturales diferencias, ¿por qué debemos de molestarnos nosotros?
- Construiríamos la unidad de la iglesia de Jesucristo si aceptáramos que algunas de las diferencias que nos separan son solamente producto del tiempo y del lugar, sin que afecten para nada el testimonio de la Palabra de Dios. Es decir, algunas de nuestras diferencias son normales.
- Unidad es entender que, aunque como Iglesia de Cristo nos movemos bajo principios divinos e inmutables, el mundo cambia y nosotros cambiamos con él. El Evangelio fue entregado al mundo por Jesús de Nazareth, un hombre del siglo uno, que hablaba, vestía y tenía costumbres domésticas muy distintas a las nuestras. ¿Lo rechazaremos porque no es igual a nosotros?
- Haríamos un gran servicio a la unidad de la iglesia si aprendiéramos a poner en un invernadero, o en stand by los comentarios -ciertos o no- que dañan el testimonio de nuestros consiervos. Propagar esas noticias, no es, precisamente, un ejercicio de piedad.
- Unidad es entender que si no sentimos dolor por la caída de otros creyentes, una luz roja debe encenderse en nuestro corazón, anunciándonos que es urgente una revisión interior. Señor, por favor, perdónanos.
Rvdo. Néstor A. Blanco S.
Pastor, maestro, escritor y conferencista
blanconestor47@gmail.com
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