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Cristiana exiliada describe los horrores que enfrenta Corea del Norte

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Kim Sang-Hwa (nombre ficticio), es una cristiana que huyó a Corea del Sur y compartió su testimonio al visitar Brasil

Las iglesias visibles en el país no son más que fachadas montadas para engañar a los extranjeros. La verdadera Iglesia opera en secreto, en pequeños grupos que se reúnen discretamente

(Tiago Chagas – Gospel Prime).-

Corea del Norte ha estado en la parte superior de la Lista Mundial de Vigilancia (WPL) durante años y es considerado uno de los países más hostiles a los cristianos. En el régimen liderado por Kim Jong-un, la fe cristiana es tratada como una amenaza para el Estado, lo que lleva a sus practicantes a vivir en la clandestinidad y bajo constante vigilancia. Sin embargo, esta realidad contrasta con el pasado de la nación.
A principios del siglo XX, Pyongyang, la actual capital de Corea del Norte, era conocida como la “Jerusalén de Oriente”, debido al fuerte crecimiento del cristianismo en la región. El avivamiento de 1907 resultó en la construcción de cientos de iglesias y la presencia activa de misioneros que difundieron la fe cristiana.
Este escenario comenzó a cambiar con la ocupación japonesa de la península coreana (1910-1945), un período en el que se presionó a los cristianos para que adoptaran prácticas religiosas obligatorias, como la veneración al emperador japonés.
Después de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Corea se dividió en dos zonas de influencia: la parte sur bajo la influencia de los Estados Unidos y la parte norte bajo el control de la Unión Soviética. En 1948, Kim Il-sung tomó el poder en Corea del Norte y estableció un régimen comunista ateo, que marcó el comienzo de una severa persecución de los cristianos.
Durante la Guerra de Corea (1950-1953), muchos cristianos huyeron al sur, mientras que los que se quedaron fueron asesinados, encarcelados o exiliados a campos de trabajos forzados. Antes del conflicto, se estimaba que Corea del Norte tenía unos 500.000 cristianos, pero diez años después, su presencia pública prácticamente había desaparecido.

TESTIMONIO DE UNA MUJER CRISTIANA

En la actualidad, los cristianos norcoreanos viven su fe con extrema discreción, arriesgándose a ser arrestados, torturados o ejecutados si son descubiertos. Esta realidad fue relatada por Kim Sang-Hwa (nombre ficticio), una cristiana que huyó a Corea del Sur y que, en una entrevista con la revista Communion, compartió su experiencia al visitar Brasil.
Su testimonio pretende alertar a la Iglesia Libre sobre la persecución que sufren los cristianos en Corea del Norte.
Kim informó que su conversión trajo un cambio radical en su vida y en su percepción del mundo. “Cuando nos encontramos con Jesús, todo cambia. Ya no somos ciudadanos de un país que no está relacionado con la fe, sino ciudadanos del Reino de los Cielos”, declaró. Según ella, la ventaja de Corea del Norte en el ranking de LMP no es sorprendente, ya que el régimen impone un estricto control sobre cualquier práctica religiosa.
Las iglesias visibles en el país no son más que fachadas montadas para engañar a los extranjeros. La verdadera Iglesia opera en secreto, en pequeños grupos que se reúnen discretamente, a menudo bajo el disfraz de reuniones familiares o de negocios. “La verdadera iglesia es secreta. Si se descubre, el castigo es severo”, explicó Kim. Muchos cristianos viven sin conocer la fe de sus propios familiares, ya que cualquier sospecha puede llevar a la cárcel y a la condena a campos de trabajos forzados.
Kim compartió cómo evangelizó a sus amigos sin revelar su identidad cristiana: “Si los descubren, todos se enfrentan a la cárcel, al trabajo forzado o la muerte”. La represión no sólo afecta al cristiano en cuestión, sino también a su familia, una estrategia para desalentar la difusión de la fe.
Además de la persecución física, el control tecnológico es una herramienta del régimen para detener la expansión del cristianismo. El acceso a Internet está extremadamente restringido y monitoreado, y China proporciona equipos de vigilancia para ayudar a controlar la población.

RESISTENCIA Y ESPERANZA

A pesar de las dificultades, la Iglesia en Corea del Norte sigue creciendo. Organizaciones como Puertas Abiertas brindan capacitación y apoyo a los cristianos perseguidos, ayudándoles a mantener viva su fe en medio de la represión. “La gracia de Dios es abundante”, dijo Kim, señalando que la evangelización requiere extrema precaución, y se lleva a cabo principalmente a través de contactos personales y de manera discreta.
La conversión de niños y adolescentes es un desafío aún mayor, ya que el gobierno los alienta a denunciar a sus propios padres si encuentran algún material cristiano en casa. Esta práctica hace que evangelizar a los jóvenes sea extremadamente riesgoso y puede resultar en encarcelamiento o ejecución.
Por último, Kim hizo un llamamiento a los cristianos que viven en países donde hay libertad religiosa: “Aprovechen la libertad de culto y evangelización. El fin está cerca y la persecución global es una realidad. No des por sentada esta libertad”.◄

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