Muchas veces lo que hacemos es vestir nuestras intenciones con un ropaje de justicia, libertad, santidad, cristianismo, bondad, valor, y de cuanto justificativo hallamos
Fue Fernando Mires en su libro ‘La Colonización de las almas’ quien dijo: “El conquistador necesitaba hacer la guerra para conquistar, a la vez necesitaba creer que conquistaba para cristianizar y, para que eso fuera posible, necesitaba cristianizar la guerra”.
Amigos, sin duda alguna que esta es una ingeniosa forma para describir lo que continuamente hacemos los seres humanos cuando se nos mete en la cabeza algún tipo de cruzada humanitaria o libertaria. Creo que pocas son las causas que pasarán el juicio divino cuando se evalúen los ideales que inspiraron a los hombres.
La historia está llena de conquistas, revoluciones y guerras cuyas intenciones se demuestran en sus distintas áreas y enfoques. No obstante, muchas veces lo que hacemos es vestir nuestras intenciones con un ropaje de justicia, libertad, santidad, cristianismo, bondad, valor, y de cuanto justificativo hallamos, sin detenernos a reparar que no son otra cosa que autoritarismos, injusticias, desarmonías y deseos ocultos de gloria. ¿No encontramos acaso en el hogar o en la iglesia al autócrata, al legalista, al religioso y al divisionista justificando sus motivos? La Biblia dice que «el efecto de la justicia será paz» (Isaías 32:17), no lo olvide.



