
(Diario de Cuba).-
En Cuba, el costo de hacer activismo político es alto para cualquiera que se oponga al discurso oficial. Pero cuando esa voz nace desde la fe, la presión adquiere matices particulares.
El sufrimiento que ve en su entorno fue lo que impulsó a David, creador de contenido cristiano, a no callar ante la injusticia. El precio ha sido alto: citaciones de la policía política, cortes frecuentes del internet y amenazas directas contra su familia.
Dos de las citaciones fueron formales. Otra se prolongó durante casi una semana.
“Yo no hablo mucho de eso, pero fue la más complicada. Estuvieron interrogándome durante días, usando distintas maneras”, cuenta.
También han recurrido a métodos más sutiles.
“Ellos saben que cortar el internet me molesta mucho. Es una forma de silenciarme, de restringirme en redes”.
La vigilancia tampoco ha pasado desapercibida.
“Mis niños se han dado cuenta. ‘Papá, mira, nos está siguiendo ese hombre’. Yo les digo que es un guardaespaldas. Siempre he bromeado con eso”.
Pero las amenazas son más directas de lo que parece. “Alguien me dijo: ‘yo sé que tu hijo menor estudia en tal escuela y algo le puede pasar cruzando la calle’”.
ES PARTE DEL PROCESO
A pesar de todo, David lo resume con una frase que refleja resignación y resistencia: “Es parte del proceso. Es el resultado de vivir en dictadura”.
Sin embargo, no toda la presión viene del Estado. Para David, el mayor dolor es otro y viene desde adentro.
“Cuando algún hermano te critica de manera despiadada. Ese es quizás el mayor peso de esta lucha”.
Las opiniones opuestas dentro de las comunidades de fe sobre cómo debe reaccionar un cristiano ante la crisis que atraviesa el país se han hecho más presentes en los últimos años.
“Las críticas siempre van a venir. Yo intento mirar a Jesús como modelo. Si a Él lo persiguieron hasta la cruz, entiendo que conmigo puede ser igual”.◄


