
Frente a la vulnerabilidad, el pueblo venezolano encontró un punto de encuentro en la solidaridad. La Iglesia Cristiana demostró que el amor de Cristo no es una doctrina abstracta, sino una fuerza viva capaz de sostener a una nación en crisis
El pasado 24 de junio de 2026, Venezuela vivió un acontecimiento sísmico sin precedentes en su historia reciente: un doblete sísmico que sacudió la geografía nacional. Sin embargo, bajo el impacto destructivo del fenómeno natural, comenzó a gestarse un movimiento de dimensiones aún mayores: un terremoto espiritual de unidad, compasión y fe.
Mientras las placas tectónicas se fracturaban en lo natural, en el plano espiritual Dios estaba haciendo tambalear las barreras de la división, el cansancio y el aislamiento. Lo que parecía ser únicamente un escenario de tragedia se convirtió en el catalizador de una manifestación sin precedentes de solidaridad y servicio cristiano nacional e internacional para el pueblo venezolano que venía cargando con una ya insoportable crisis nacional.
Hoy es vox populi entre los venezolanos dentro y fuera del país, que la nación, muy a pesar del madrugonazo del 3 de enero de este año, seguía desesperanzada y estancada en una crisis que humanamente no se le veía salida, por lo que todos esperábamos la intervención divina.
Con todo el respeto que nos merece la memoria de las víctimas, sus familiares y todos los que perdieron sus bienes materiales, pero el evento sísmico pasó a ser un doblete de fe que más allá de los daños físicos y pérdidas humanas despertó la conciencia dormida de toda una nación que languidecía bajo una opresión que iba más allá de la ideología política, convirtiéndose en una atadura espiritual.
Muy a pesar de la intervención de la administración Trump y su tutelaje, que sólo causó un ligero impacto que duró apenas días, para convertirse tras la avaricia del tutor en una nueva decepción para los venezolanos. La Iglesia seguía orando por la liberación y bendición plena del país, hasta que llegó el fatídico 26 de junio.
Si como cristianos nos apegamos a lo que expresa la Biblia en Romanos 8:28: «Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos»; y sabiendo que Dios tiene un grandísimo propósito con Venezuela, debemos sacar lo bueno de esta tragedia. Esa es nuestra intención hoy.
LOS CIMIENTOS QUE NO SE CONMUEVEN
La Biblia relata momentos donde los sacudimientos físicos abrieron paso a intervenciones divinas, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Una de las más emblemáticas la encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, que aconteció al apóstol Pablo y su acompañante Silas quienes fueron puestos en prisión por predicar el evangelio con manifestación de señales milagrosas:
«A la medianoche, Pablo y Silas oraban y cantaban himnos a Dios, mientras los presos los escuchaban. De pronto hubo un terremoto, tan violento que los cimientos de la cárcel se estremecieron. Al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron» (16:25-26).
Así como en Filipos el temblor rompió cadenas y abrió puertas para el Evangelio, el sacudón de este año en Venezuela derribó muros que liberaron espiritualmente a nuestra nación. Sabemos que Dios no habita en la tragedia, pero usa los momentos de mayor fragilidad humana para revelar Su gracia, mover a Su Iglesia y recordar que tenemos un reino inconmovible (Hebreos 12:28).
Frente a la vulnerabilidad, el pueblo venezolano encontró un punto de encuentro en la solidaridad. La Iglesia Cristiana Evangélica venezolana —históricamente diversa y horizontal— respondió con un solo corazón y a una sola voz, cumpliendo en medio de la tragedia la oración de Jesús en Juan 17:21: «para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste».
Misioneros, pastores, liderazgos locales, congregaciones de distintas denominaciones y ministerios de ayuda humanitaria y espiritual se unieron en brigadas de rescate, centros de acopio, hospitales, refugios y redes de oración. Esta respuesta unificada demostró que el amor de Cristo no es una doctrina abstracta, sino una fuerza viva capaz de sostener a una nación en crisis.
ALIANZA INTERINSTITUCIONAL: RESPETO Y EMPATÍA POR LA LABOR CRISTIANA
Un fruto extraordinario de esta coyuntura lamentable ha sido el cambio de percepción y el nivel de cooperación entre el sector público, organizaciones civiles y nuestra comunidad de fe que es multidisciplinaria; pues profesionales cristianos de todas las disciplinas, incluyendo a ingenieros y arquitectos, se unieron a la población afectada, sin más paga que un bocado de pan y un poco de agua que compartían con todos.
Organizaciones nacionales e instituciones que antes trabajaban de manera aislada han volcado su mirada y respeto hacia la Iglesia, reconociendo la transparencia, la vocación de servicio y el alcance comunitario del pueblo cristiano, lo cual ha establecido puentes de colaboración histórica. La Iglesia Cristiana ha demostrado ser un aliado fundamental en la reconstrucción social y emocional de la nación.
A semanas del evento, la ayuda no se ha detenido; al contrario, se ha profundizado. La respuesta de la Iglesia nacional, combinada con el despliegue de organizaciones cristianas internacionales, sigue siendo un testimonio vivo del mandato bíblico: «Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo» (Gálatas 6:2).
Todavía hoy, sobre el terreno devastado destacan labores transcendentales de:
- Hospitales de campaña y atención médica completa: Equipos médicos nacionales e internacionales continúan realizando consultas generales, tratamientos especializados e inclusive cirugías de alta complejidad de forma gratuita para los afectados; entre ellos destaca la organización Samaritan’s Purse.
- Apoyo psicológico específico: Profesionales de la salud mental cristianos brindan contención emocional y terapia para superar el trauma de las réplicas y las pérdidas materiales, son tantos que enumerarlos alargaría este artículo.
- Acompañamiento espiritual y pastoral: Grupos de capellanía y consejería acompañan a las familias en sus momentos de duelo, restaurando la esperanza a través de la Palabra de Dios, en momentos donde a los afectados no les queda sino la gracia divina. A Dios gracias por la vida de cada uno de ustedes.
UN REINO QUE PERMANECE
El doblete sísmico del 24 de junio de 2026 será recordado en los libros de historia y por la Ciencia, pero en el libro de la fe de Venezuela marcará el momento en que la luz de la Iglesia brilló con mayor intensidad en medio de la oscuridad (Mateo 5:14-16), se demostró que más es lo que nos une que aquellas cosas o circunstancias que nos separan.
Nunca deberíamos olvidar lo que nos aconseja el gran apóstol Pablo en su carta a la iglesia de Éfeso:
«… Les ruego que vivan como es digno del llamamiento que han recibido, y que sean humildes y mansos, y tolerantes y pacientes unos con otros, en amor. Procuren mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Así como ustedes fueron llamados a una sola esperanza, hay también un cuerpo y un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, y un Dios y Padre de todos, el cual está por encima de todos, actúa por medio de todos, y está en todos» (Efesios 4:1-6).
La Iglesia venezolana en general demostró que tras las tragedias, pérdidas humanas y materiales que producen dolor, luto y un hondo pesar está siempre la poderosa mano del Señor, quien dejó en la tierra a Su Iglesia para impartir de su amor, gracia y misericordia que sana al herido, consuela al enlutado y acompaña al dolido.
Lamentamos mucho y le pedimos perdón al Señor y al pueblo venezolano, que tuvimos que experimentar una tragedia para manifestar en unidad la verdadera esencia divina del cuerpo de Cristo en la tierra. No debemos aceptar más de ahora en adelante que ninguna persona, ente o gobierno pretenda dividirnos bajo la excusa que sea.
Venezuela no sólo se levanta de los escombros físicos; se levanta fortalecida en su fe, unida en el amor y cimentada en la certeza de que, aunque la tierra tiemble, el amor y la misericordia de Dios permanecen para siempre. Y de eso da fe hoy el pueblo venezolano, a fin de cuentas, es lo que verdaderamente importa; que siempre el nombre de nuestro Señor, Salvador y Rey sea honrado y glorificado.
TAMBIÉN SE APURÓ EL NACIMIENTO DE LA NUEVA VENEZUELA
Hasta las estructuras políticas fueron estremecidas, pues Dios usó el terremoto para sacar a la luz lo que estaba oculto y mostrar claramente lo que tantas veces se había denunciado; así como se aceleró el proceso de cambio y reinstitucionalización de Venezuela, que el tutelaje había ralentizado quién sabe con qué fines.
Pero el Señor es y siempre será Dios, y seguirá sentado en su trono por siempre; de Él nadie se burla y ante su omnipresencia no hay ni habrá nada oculto. «Él quita gobernantes y pone gobernantes» (Daniel 2:21). Hace años Él declaró el nacimiento de la Nueva Venezuela y el doblete sísmico aceleró las contracciones…
Georges Doumat B.


