La oración tiene un orden en la mente de Dios, y es necesario que entendamos que está diseñada fundamentalmente como una relación
Es evidente que para Cristo las “oraciones” de los líderes espirituales no eran genuinas, sólo eran mamparas para encubrir las verdaderas intenciones. La oración tiene un orden en la mente de Dios, y es necesario que entendamos que está diseñada fundamentalmente como una relación. Esa relación cambiará nuestra manera de vivir, porque transformará todos los lados de nuestro ser. Ese cambio ocurrirá independientemente del contenido de la plegaria; ese cambio ocurrirá porque ¡nadie puede acercarse a Dios y permanecer igual!
Por eso, Dios está esperando que vengamos a Él como lo hizo el salmista, quien sabe que Dios lo conoce más de lo que él mismo se conoce y que en esa franja oscura de su vida puede haber cosas desagradables que le hacen clamar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).
Tenemos que aprender a dejar de darle órdenes a Dios como si Él fuera nuestro subalterno. ¿Cómo es su vida de oración? No estamos interesados en saber cuál es el contenido de su plegaria, ni las formas en que la hace, no. Nos interesa su motivación y su disciplina, porque eso, finalmente, es lo que al Señor toma en cuenta para transformarnos.
Usted debe aprender a venir a la presencia de Dios en oración con la disposición de pasar tiempo con Él. No se angustie si ese tiempo no es “largo”, porque no se trata de una competencia. Venga a Él sin importarle si lo siente o no; si tienes deseos o no; si tiene fe o no; si tiene necesidad o no; simplemente, ¡venga!



