Diligente

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Hay quienes son diligentes en lo secular, pero no en lo espiritual / Freepik

Hay personas que son capaces, pero no diligentes. Igual puede decirse del inteligente y con recursos que, sin diligencia, es aventajado por un lerdo que se avispa

“… pero el haber precioso del hombre es la diligencia” (Proverbios 12:27).
Son varias las ideas que se asocian con la diligencia: esmero, prontitud, aplicado, laborioso, activo, solícito, ágil, presto, listo. Parece que la variedad de significados le pone un peso muy especial a la diligencia. Hay personas que son capaces, pero no diligentes. Igual puede decirse del inteligente y con recursos que, sin diligencia, es aventajado por un lerdo que se avispa. No es buena imagen la que proyecta el negligente. Su desidia desdice de lo que es y de lo que puede alcanzar; invierte más en perder que en ganar. Huarte de San Juan dijo: “No hay otra fortuna sino Dios y la buena diligencia del hombre”.
Una máxima popular dice: “quien madruga, Dios le ayuda”, pero siempre hay quien tuerza la sabiduría respondiendo que quien madruga sólo duerme menos. Definitivamente hay sabios que pasan por tontos cuando el que parece tonto lo aventaja. No es inteligente quien deja de ser diligente.
Nuestro proverbio enseña que quien tiene diligencia tiene un “haber precioso”, lo que podría entenderse como ganancia, ventaja, abundancia. Es la prosperidad que beneficia la vida íntegramente. El apóstol Pablo escribió una vez que “en lo que requiere diligencia, no perezosos”, relacionándola así con el discernimiento, pues ser solícito en lo que no se requiera, también es pérdida. Hay quienes son diligentes en lo secular, pero no en lo espiritual.
Tiene que ser un estudio interesante, ver los ejemplos y exhortaciones a la diligencia en la Biblia. No es traducida como una virtud, pero sí es la alhaja del carácter. Pedro la coloca como el principio para la virtud: “vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento” (2ª Pedro 1:5). Así que sin ella tampoco hay virtud.
El diligente le añade entusiasmo a la disciplina y reconoce el valor de lo que hace. Es interesante determinar cuántas cosas requieren diligencia en la vida. ¿Podrías hacer una lista?

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