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¿Dónde están los ancianos? Diego Ortiz

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Imagen referencial / Freepik

Hoy experimentamos gran desorden y caos, y se necesita la presencia activa de los ancianos y padres espirituales de la nación, que nos ayuden a avanzar y atender a los grandes desafíos que tiene la iglesia de Cristo en el país

En la cultura hebrea, la voz de los ancianos, era la voz de autoridad que traía dirección a la nación, puesto que en ellos reposaba la sabiduría alcanzada por la experiencia y el conocimiento de los principios de su cultura.
Para la Iglesia de Jesucristo los ancianos son los hombres y mujeres de ministerio de un caminar probado en la fe y un testimonio público intachable.
Cuan necesario es hoy en día, que nuestros ancianos de nación, asuman su rol y alcen su voz con aplomo y firmeza, en tiempos donde la impericia de algunos ha dejado en descredito a la iglesia y han expuesto el nombre de Cristo.
La nación necesita escuchar voces serias y creíbles, que puedan ser atendidas y reconocidas como una voz de autoridad digna de ser escuchada y atendida.
Se han cometido muchos errores, se han cruzado muchas líneas, se han llevado a cabo muchas acciones temerarias y fallidas y se necesita recuperar la confianza y la credibilidad.
El cielo nos llama a avanzar y la nación nos necesita, pero dispersos, decepcionados y aislados no podremos responder a la demanda histórica que tenemos por delante.
Se requiere madurez, el que falló debe arrepentirse, el que se auto descalificó debe abstenerse, y el que se silenció debe asumir su responsabilidad y alzar la voz, y se debe poner en relieve y prioridad los intereses de Dios por la nación antes que los intereses propios.
Dónde están los ancianos, es el clamor de la nación, donde están los padres espirituales, que corrijan lo defectuoso, administren justicia, enderecen lo torcido e inspiren confianza al pueblo para avanzar.
Lo que vivimos hoy me recuerda a lo ocurrido años atrás en una reserva animal en África, dónde los elefantes adultos fueron sacados de su manada y sólo quedaron en ella los elefantes jóvenes.
El resultado fue que, ante la ausencia de autoridad, los elefantes jóvenes empezaron a luchar entre ellos y a arremeter contra otras especies y se volvió un caos; ante lo cual los administradores del refugio animal tuvieron que traer de nuevo a los elefantes adultos y al hacerlo retorno la paz y la armonía a la manada…
Hoy experimentamos gran desorden y caos, y se necesita la presencia activa de los ancianos y padres espirituales de la nación, que nos ayuden a avanzar y atender a los grandes desafíos que tiene la iglesia de Cristo en el país.
Recordemos que el país y sus ciudadanos nos observan…  Y la historia nos pasará factura.

Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz

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