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Entrego mi carga, pero la vuelvo a tomar

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el descanso no es coexistir con la carga, es ser liberado de su dominio / Imagen de generación propia usando IA

El problema no es que Dios no haya recibido la carga, el problema es que el hombre no ha dejado de considerarla suya

La Escritura declara en Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.
Esta declaración no es una sugerencia, es una transferencia.
Cristo no dijo “venid a mí y aprenderéis a soportar mejor la carga”, sino “yo os haré descansar”.
La palabra “descansar” en el original griego es anapauo, que significa cesar, aliviar, soltar el peso que oprime. Esto revela que el descanso no es coexistir con la carga, es ser liberado de su dominio.
Sin embargo, la gran contradicción del creyente moderno es que entrega su carga, pero sigue caminando como si nunca la hubiera entregado. Ora, llora, clama, deposita su problema en el altar, pero cuando se levanta, vuelve a recogerlo en su mente.
Lo entrega en oración, pero lo retoma en el pensamiento.
Lo entrega con la boca, pero lo retoma con la preocupación.
Y aquí se revela un misterio espiritual profundo: muchos entregan el problema a Dios, pero nunca entregan el control del problema.
Porque entregar no es decirlo, entregar es soltarlo.
La Biblia dice en 1ª Pedro 5:7: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”.
La palabra “echando” proviene del griego epirrípto, que significa lanzar con fuerza, arrojar completamente, desprenderse de algo sin intención de recuperarlo.
Es la misma idea de tirar un objeto lejos de ti.
Nadie lanza algo para luego correr a recogerlo.
Pero el creyente muchas veces vive en un ciclo contradictorio: lanza su ansiedad de rodillas en oración, pero la recoge cuando se levanta.
Esto revela una verdad confrontadora: la preocupación es evidencia de que algo no ha sido completamente entregado.
Porque la fe no consiste en pedirle a Dios que lo haga, la fe consiste en aceptar que Dios ya lo tomó y Él tomará la decisión correcta.
El problema no es que Dios no haya recibido la carga, el problema es que el hombre no ha dejado de considerarla suya.
Por eso el Salmo 55:22 declara: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará”. No dice “la sostendrán juntos”, dice: “él te sustentará”.
Porque en el momento en que tú sostienes la carga, Dios no la está sosteniendo.
Y en el momento en que Dios la sostiene, tú dejas de sostenerla.
Aquí está el principio espiritual: la carga tiene un solo dueño. O es tuya, o es de Dios, pero no puede ser de ambos.
Muchos creyentes viven cansados, no porque Dios no sea poderoso, sino porque nunca han dejado de ser ellos los responsables en su mente. Siguen maquinando, siguen calculando, siguen anticipando, siguen temiendo. Pero la fe no calcula, la fe descansa.
Isaías 26:3 dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado”.
Esto revela que la paz no viene cuando el problema desaparece, la paz viene cuando la confianza se establece.
Porque la carga no se mide por lo que pesa en las manos, se mide por lo que pesa en la mente.
Por eso Cristo dijo en Juan 14:27: “Mi paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”. El mundo da paz cuando todo está resuelto.
Cristo da paz cuando nada está resuelto, pero todo está entregado.
Aquí está la diferencia entre decir que confías y vivir confiando. Porque confiar no es entregar hoy y retomar mañana. Confiar es renunciar al derecho de preocuparte por aquello que ya entregaste.
Abraham es el ejemplo perfecto. Dios le prometió un hijo, pero cuando ese hijo creció, Dios se lo pidió de vuelta en sacrificio (Génesis 22). Abraham lo llevó al altar y lo soltó en su corazón antes de soltarlo en su mano. Y Hebreos 11:19 revela su pensamiento: “pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos”.
Abraham no caminó de regreso angustiado. Caminó de regreso confiado. Porque cuando algo es entregado a Dios, deja de depender de la lógica humana y pasa a depender del poder divino.
Aquí está la raíz del conflicto interior del creyente: muchos han entregado su carga a Dios, pero nunca han entregado su derecho a entender cómo Dios lo hará.
Y mientras el hombre quiera entender, no podrá descansar. Porque el descanso no viene de entender, viene de confiar.
Por eso Filipenses 4:6-7 declara: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego… y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.
La paz que Dios da no tiene explicación lógica. Es una paz que contradice la situación. Es la evidencia de que la carga cambió de dueño.
Por eso el creyente debe entender esta verdad final:
Si todavía estás cargando, es porque en algún punto la volviste a tomar.
Porque cuando realmente la entregas, ya no la sostienes con tu mente, no la sostienes con tu emoción, no la sostienes con tu temor.
La fe verdadera no es entregar la carga en el altar. La fe verdadera es dejarla ahí y cuando te levantas puedes irte más ligero.
Porque el que realmente entrega, descansa. Y el que descansa, demuestra que confía.
Los hechos hablarán de una verdadera fe o no.
Que la paz y gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros.

Carlos Morán
Profeta

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