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Fernando Castillo: “Aunque estemos afuera, la misión nos tiene adentro” de Venezuela

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“Afirmar que alguien no puede hablar o discernir porque no está físicamente dentro del país no sólo es una simplificación peligrosa, sino una clara señal de falta de visión bíblica, misional y holística” / Fotomontaje VyV

“Mi compromiso, mi oración, mi carga espiritual y mi agenda siguen profundamente ligados a la misión que Dios está desarrollando en Venezuela”, escribe Castillo

(Verdad y Vida).-

El evangelista Fernando G. Castillo, director del ministerio Operación UNIDAD – Llenando la Tierra con el Evangelio desde cada localidad, expresó mediante una carta pública su malestar por las críticas que los cristianos venezolanos que residen en el extranjero reciben cada vez que opinan acerca de la crisis que vive Venezuela.
Por lo pertinente de la misma y por la autoridad espiritual de su autor, un ministro venezolano que por circunstancias ministeriales ha debido establecerse en EEUU, pero que jamás se ha desconectado su la obra de Dios en nuestra nación, consideramos importante como medio de comunicación venezolano reproducir íntegramente su carta para que miles más puedan leerla y reflexionar acerca de su valioso contenido.

Reseña Fernando G. Castillo:
Escribo con preocupación, pero también con profundo amor por la Iglesia y por Venezuela. Por la gracia de Dios he podido servir en cinco décadas diferentes de ministerio, y de manera más intensa y continua en los últimos 27 años, precisamente en el período en el que la política partidista comenzó a ocupar, de forma creciente, un lugar protagónico dentro del país, hasta convertirse hoy en un factor que opaca casi cualquier otro pensamiento, movimiento y expresión, incluso dentro del ámbito espiritual.
Desde hace más de diez años he trabajado de manera constante, semanal y perseverante en Venezuela, sirviendo a la Iglesia y colaborando con pastores y ministerios en distintos estados del país. Aunque actualmente resido en el sur de California, mi compromiso, mi oración, mi carga espiritual y mi agenda siguen profundamente ligados a la misión que Dios está desarrollando en Venezuela.
En marzo pasado, iglesias en 18 estados del país se movilizaron de manera simultánea proclamando el Evangelio. Con fe y expectativa, oramos y trabajamos para que en marzo de 2026 la Iglesia se levante en todos los estados, como una expresión visible de unidad, obediencia y misión. En ese caminar, sin embargo, surge una inquietud que no puede ser ignorada: la creciente alineación —directa o indirecta— de pastores y ministros con la política partidista.
No es un fenómeno nuevo. Lo he observado durante décadas. A veces de forma explícita, a veces de manera sutil; a veces en discursos, a veces en silencios cuidadosamente calculados. Comprendo los temores. Comprendo el peso de la injusticia, el cansancio ante la corrupción, el dolor acumulado por el abuso del poder y la frustración de un pueblo herido. Todo eso es real. No se puede ni se debe negar.
Pero hay un argumento que me preocupa profundamente y que considero bíblicamente insostenible: la idea de que quienes estamos fuera del país no podemos hablar, exhortar, opinar o aportar discernimiento espiritual sobre lo que ocurre en la nación. Como si la distancia geográfica anulara la responsabilidad misional. Como si las fronteras políticas cancelaran la autoridad espiritual. Como si estar “afuera” equivaliera a estar desconectado.
La Escritura presenta un testimonio radicalmente distinto.
El apóstol Pablo casi siempre estuvo afuera. Fuera de Jerusalén. Fuera de Judea. Fuera de los centros de poder religioso. Fuera, incluso, de muchas de las iglesias que él mismo había fundado. Y, sin embargo, nadie estuvo tan adentro de la misión como él.

La misión lo mantenía adentro.
Pablo escribió a iglesias desde cárceles, desde ciudades paganas, desde contextos hostiles y desde caminos misioneros. Estaba lejos físicamente, pero profundamente presente espiritual, pastoral y apostólicamente. Conocía las luchas internas de las iglesias, discernía errores doctrinales, corregía desviaciones éticas, exhortaba a líderes y trazaba dirección espiritual… todo ello estando afuera.
Afirmar que alguien no puede hablar o discernir porque no está físicamente dentro del país no sólo es una simplificación peligrosa, sino una clara señal de falta de visión bíblica, misional y holística. La misión de Dios no reconoce fronteras políticas. El Reino de Dios no opera por pasaportes. El llamado pastoral, apostólico y profético no se suspende por razones migratorias.
Más aún, en muchos casos, quienes están fuera poseen márgenes más amplios de observación, mayor perspectiva histórica y menos presión inmediata, lo cual puede permitir un discernimiento más claro de procesos, patrones y peligros. No por superioridad espiritual, sino por ubicación estratégica dentro del mismo Cuerpo.
Hoy existe una gran cantidad de líderes venezolanos fuera del país. Algunos por persecución, otros por necesidad económica, otros por razones familiares. Es cierto: algunos se desconectaron. Pero muchos otros seguimos en misión, profundamente adentro del país, sirviendo, acompañando, formando, orando, movilizando y trabajando hombro a hombro con la Iglesia local.
Invalidar esa voz, descalificarla o silenciarla por el simple hecho de estar “afuera” no edifica el Cuerpo de Cristo; lo fragmenta. Y la fragmentación nunca ha sido una estrategia del Reino.
La Iglesia en Venezuela necesita hoy una visión global, integral y misional, donde los que están dentro y los que están fuera caminen juntos, se escuchen, se exhorten con amor y se corrijan con verdad. Necesitamos menos trincheras ideológicas y más comunión espiritual. Menos alineación partidista y más fidelidad al Evangelio. Menos sospecha y más discernimiento.
Este no es un texto de confrontación, sino de llamado pastoral. Un llamado a líderes que aman a Dios y aman a su país. La misión es más grande que nuestras ubicaciones. El llamado es más alto que nuestras circunstancias. Y el Evangelio sigue siendo nuestra única bandera.
Aunque estemos afuera, la misión nos tiene adentro. Y mientras la misión nos tenga adentro, tenemos la responsabilidad de amar, advertir, exhortar y edificar, con verdad, con respeto y con el corazón centrado en Cristo y en su Iglesia.

Nota final
Este manifiesto no pretende hablar en nombre de todos los pastores y ministros que se encuentran fuera del país. No asumo esa representación. Lo que sí hago, con respeto y convicción, es invitar a todos aquellos que están fuera de Venezuela pero permanecen en misión, comprometidos con la Iglesia y con el Evangelio, a que, si se identifican con este espíritu y este llamado, simplemente lo suscriban.
Asimismo, a mis amados hermanos y hermanas que están sirviendo dentro del país, les hago un ruego pastoral y fraterno: seamos uno. Uno en Cristo, uno en la misión, uno en el Evangelio, aun en medio de nuestras diferencias, tensiones y dolores.
La unidad de la Iglesia no es una estrategia humana; es un testimonio espiritual. Y hoy, más que nunca, Venezuela necesita ver a una Iglesia unida, centrada en Cristo y fiel a su misión.
Gracias.

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