Home Blogs Orar me cambia Huye de la religiosidad controlada

Huye de la religiosidad controlada

0
Si no somos diligentes en procurar una vida de oración, estamos cultivando la vida que el mundo con sus valores nos impone / Freepik

La Vida de Oración no está referida a un acto devocional accidental y puntual, sino a una forma de vivir que hay que planificar y cultivar

La Vida de Oración no es una expresión que sea común entre los cristianos. No forma parte de la religiosidad controlada. Es una intimidad personal decidida desde el corazón.  La Vida de Oración no está referida a un acto devocional accidental y puntual, sino a una forma de vivir que hay que planificar y cultivar. Hay muchos riesgos y peligros en la vida de un cristiano que no mantiene una vida de Oración. Algunos de los riesgos de carecer de una Vida de Oración son:

  • Dificultad para vencer en las tentaciones
  • Imposibilidad de reconocer la presencia del Dios
  • Se nos dificulta hacer la voluntad de Dios
  • Confiamos más en nuestros “métodos” que en la dirección divina.
  • Confundimos los métodos con doctrina
  • Somos como los pámpanos despegados de la vid.
  • Confundimos la religión con la relación
  • Sustituimos la presencia de Dios con “programas”
  • Tenemos convicciones, pero sin condiciones espirituales
  • Nos quedamos como Elí, buscando el Arca en medio de la derrota

Un antiguo tratado evangélico decía: “El corazón del hombre es un templo del Espíritu Santo o un taller de Satanás”. Ningún ser humano vive en un vacío espiritual. Si no somos diligentes en procurar una vida de oración, estamos cultivando la vida que el mundo con sus valores nos impone. Jamás podremos ser neutrales. Cristo lo dijo de otra forma: “…el que conmigo no recoge, desparrama” (Lucas 11:23).

Previous article“Zapatero por la gracia de Dios”
Next articleEl que tiene amigo
Néstor Alejandro Blanco
Pastor, teólogo, docente, locutor, escritor, autor de los libros Una Cita en el Altar, Lluvia Sobre la Hierba y Radiografías del Alma, además de numerosas publicaciones para la prensa cristiana, así como de material de crecimiento espiritual para la iglesia. Nacido en Caracas, Venezuela, actualmente reside en Santo Domingo, República Dominicana. Está casado con Rafaela Flores y es padre de dos hijos, Néstor Rafael y Néstor Alejandro.

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Salir de la versión móvil