
La Vida de Oración no está referida a un acto devocional accidental y puntual, sino a una forma de vivir que hay que planificar y cultivar
La Vida de Oración no es una expresión que sea común entre los cristianos. No forma parte de la religiosidad controlada. Es una intimidad personal decidida desde el corazón. La Vida de Oración no está referida a un acto devocional accidental y puntual, sino a una forma de vivir que hay que planificar y cultivar. Hay muchos riesgos y peligros en la vida de un cristiano que no mantiene una vida de Oración. Algunos de los riesgos de carecer de una Vida de Oración son:
- Dificultad para vencer en las tentaciones
- Imposibilidad de reconocer la presencia del Dios
- Se nos dificulta hacer la voluntad de Dios
- Confiamos más en nuestros “métodos” que en la dirección divina.
- Confundimos los métodos con doctrina
- Somos como los pámpanos despegados de la vid.
- Confundimos la religión con la relación
- Sustituimos la presencia de Dios con “programas”
- Tenemos convicciones, pero sin condiciones espirituales
- Nos quedamos como Elí, buscando el Arca en medio de la derrota
Un antiguo tratado evangélico decía: “El corazón del hombre es un templo del Espíritu Santo o un taller de Satanás”. Ningún ser humano vive en un vacío espiritual. Si no somos diligentes en procurar una vida de oración, estamos cultivando la vida que el mundo con sus valores nos impone. Jamás podremos ser neutrales. Cristo lo dijo de otra forma: “…el que conmigo no recoge, desparrama” (Lucas 11:23).


