
El aborto convierte en culpable al inocente, y esto no es aprobado por Dios
A veces recuerdo lo que citaba mi abuela cuando un acontecimiento afectaba a otros. Ella decía, “pagan los justos por los pecadores”. Y esto lo menciono porque en este sentido el movimiento pro abortista ha llamado mi atención en varios aspectos. Uno, que la libertad para hacer lo que se desee con el cuerpo, suponga la libertad de privar de la vida a un ser humano. Dos, que a la ley de causa y efecto se le imponga otro efecto: indultar un acto punible, así, a la causa se le añade un amañado elemento cultural que la deforma en su efecto. Y tres, que el bebé sea el que cargue con la culpa de quien lo engendra.
Por ese camino luce lógico que se despenalice también el robo, pues la culpa cae sobre la víctima que se dejó robar. Si así fuera el asunto, ¿en qué momento el feto permitió que se le engendrara? ¿No es igual cuando el embarazo es el producto de una deplorable violación? ¿Pierde el feto su derecho a la vida? ¿Por qué no paga el violador? Una ley que despenaliza el aborto alegando la violación es injusta, pues coloca la culpa en el inocente. ¿No debería más bien aplicarse la ley con severidad a los violadores sin excepción alguna? Es verdad que estos no se acabarán -como tampoco se acabarán los corruptos-, pero mientras haya lenidad y selectividad en la formulación y aplicación de las leyes, el delito aumentará y seguirán pagando las víctimas. Eclesiastés 8:11 lo advierte: “Cuando no se ejecuta rápidamente la sentencia de un delito, el corazón del pueblo se llena de razones para hacer lo malo”.
Amigos, definitivamente, es inaceptable que los inocentes paguen por los errores de otros. El aborto convierte en culpable al inocente, y esto no es aprobado por Dios. Proverbios 17:15 lo establece: “Absolver al culpable y condenar al inocente son dos cosas que el Señor aborrece”.


