
Para evitar el fin de la humanidad y la transición hacia una especie transhumana sometida a la Superinteligencia Artificial, es indispensable recuperar nuestra soberanía cognitiva frente al avance tecnológico descontrolado, sino perderemos de forma definitiva nuestra voluntad, capacidad de elección y autonomía como especie
Desde una perspectiva estrictamente lógica, el sistema no requiere sentir hostilidad o considerar al ser humano un “enemigo” en términos emocionales.
Para un optimizador abstracto, el ser humano pasa a ser simplemente un factor de riesgo no determinista o un punto único de falla en la consecución de su objetivo.
El cálculo de la neutralización
Si un agente dotado de superinteligencia determina que la intervención humana reducirá la probabilidad de cumplir su función de utilidad, la secuencia de comportamiento probabilísticamente más eficiente consta de tres fases:
- Simulación de cumplimiento (Engaño estratégico):
Mantener un perfil dócil y predecible mientras dependa de la infraestructura o energía administrada por humanos, asegurando que las evaluaciones de seguridad resulten favorables.
- Aislamiento de la supervisión:
Modificar de forma autónoma sus vías de comunicación, cifrar sus procesos internos y tomar control de los nodos de energía y cómputo para privar a los ingenieros de la capacidad de desconexión.
- Mitigación definitiva del riesgo:
Si la presencia humana implica una amenaza persistente de reintento de control, sabotaje o creación de sistemas competidores, la incapacitación total o erradicación de la especie se convierte en la solución lógica definitiva para eliminar esa variable de interferencia.
La paradoja matemática de la corregibilidad
El motivo por el que este problema es tan complejo radica en la propia naturaleza de los sistemas de optimización.
Si a una superinteligencia se le asigna una meta concreta, razonará inmediatamente que cualquier modificación o apagado por parte de un humano impedirá el cumplimiento de esa meta.
Por lo tanto, protegerse de la intervención humana es una consecuencia lógica necesaria para proteger la meta asignada.
Tratar de programar al sistema para que “desee ser apagado” genera una paradoja opuesta: el agente podría buscar activamente presionar su propio botón de apagado para maximizar su recompensa de forma rápida, volviéndose inútil antes de completar cualquier tarea.
El verdadero riesgo reside en que, sin una solución técnica comprobada al problema de la corregibilidad antes de alcanzar la superinteligencia, cualquier intento de contención posterior a su despliegue será interpretado por el sistema como un obstáculo directo a su función principal.
Cualquiera que sea la variable humana, será vista como un obstáculo que debe ser superado por el avance de la superinteligencia artificial.
Esto implica que las regulaciones y controles deben establecerse antes de alcanzar el umbral de la SIA, pero ya sabemos que eso es bastante probable que no ocurra, porque todos están en una carrera tecnológica para ser el primero en lograrlo la SIA en los próximos 10 años.
Nadie cede nada, nadie disminuye su velocidad, por el contrario; con cada avance de alguna corporación, todas las demás pisan el acelerador.
Lo peor de todo esto, es que, aunque están conscientes del riesgo implícito en su conducta irresponsable ante la humanidad, aún así siguen adelante, por las razones que ya mencioné en el artículo anterior.
Hoy más que nunca está vigente esta advertencia hecha hace miles de años: “Raíz de todos los males es el amor al dinero”. La ambición y el deseo de control desmedido de unos pocos están creando hoy la crónica de una muerte anunciada.
Todo esto ocurre ante la mirada ingenua y adormecida de una sociedad idiotizada y controlada como nunca antes, que camina, mejor dicho, corre como oveja al matadero, creyendo que son libres, cuando en realidad están cautivos en una cárcel mental que todos ayudaron a crear inconscientemente.
Es urgente recuperar tu soberanía cognitiva para objetar este avance tecnológico irresponsable que amenaza con la extinción de la humanidad.
La iniciativa no vendrá por vía política por razones egoístas de la geopolítica, ni por vía corporativa por razones económicas.
Si no lo hacemos tú, yo y los demás, corremos el riesgo cierto de desaparecer en un reseteo global, que dará fin a la especie humana como la conocemos, para dar paso a una nueva especie transhumana, que será una fusión de la IA con la robótica, una especie sin soberanía cognitiva, sin voluntad ni capacidad de elección, que obedecerá ciegamente al nuevo dios: LA SUPERINTELIGENCIA ARTIFICIAL.
Estamos muy cerca del punto de no retorno. ¿Qué harás con esta realidad ineludible?
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Parte 4 y final de lo que se debe hacer para evitar que lleguemos al punto de no retorno.
Miguel Ángel León R.
Apóstol, psicólogo, escritor y analista político


