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La gran conquista, Juan Carlos Calderón

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En el valle se forma el carácter y la disciplina para trabajar en la próxima cima

El viaje del liderazgo y del legado permanente tiene muchos momentos maravillosos y, también, del otro lado de la balanza, tantos o más sin sabores.
El camino se hace cada vez más difícil, cuando andamos cuesta arriba tratando de alcanzar metas y pequeñas cosas que conducen al lugar de llegada dentro del propósito de Dios para tu vida. Pero ¿qué pasa cuando llegas a la cima?
Seguramente la sensación de satisfacción es indescriptible y te sientes eufórico, te pones la medalla de campeón y contemplas la vista panorámica. Desde ahí todo se ve mejor sin lugar a duda, pero si miras sin emocionalismos el paisaje te darás cuenta de algo: esa cima es sólo una estación temporal. Hay más montañas que escalar.
El asunto es que para llegar a la nueva cima hay que descender al valle y en ese lugar los líderes creen que son presas de la decepcionante vista que tienen delante. El desánimo empuja, las ganas de no seguir llaman, las ideas se acaban, los planes parecen no funcionar y todo se ve inalcanzable.
En ese momento los débiles de carácter, quieren cruzar el valle corriendo a toda velocidad sin darse cuenta que es ahí donde se desacelera la marcha para no perder el sentido. En el valle se forma el carácter y la disciplina para trabajar en la próxima cima. Ahí se vive un día a la vez, se camina lentamente y se aprende sobre las cosas que nunca viste desde la cima.
Líder: ¿qué pasa si corres en el valle? Pierdes la instancia más importante del liderazgo: la formación del carácter. “Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda” (Proverbios 25:28. RVR1960).

Nota: Este artículo fue escrito sin inteligencia artificial.

Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn

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