
La agenda en defensa de la familia tradicional y los valores conservadores se convirtió en el puente definitivo con pastores y congregaciones a nivel nacional
(Verdad y Vida).-
Tras una de las contiendas electorales más ajustadas en la historia reciente de Colombia, el triunfo del nuevo presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha dejado en evidencia un nuevo mapa de influencia política en el país: el peso definitivo e incuestionable de la Iglesia Evangélica y los sectores de la derecha cristiana dentro de su estrategia hacia el poder.
Lo que para muchos analistas inició como una narrativa estrictamente personal, terminó convirtiéndose en el eje de una campaña que apeló directamente a la fe de millones de colombianos. De la Espriella, quien durante años se declaró abiertamente ateo, hizo de su proceso de conversión espiritual al catolicismo un argumento central de legitimación moral ante un electorado tradicionalmente creyente, destacó Radio Nacional de Colombia.
EL FACTOR EVANGÉLICO: EL EMPUJÓN DEFINITIVO
El rol de las megaiglesias y las redes de pastores evangélicos en todo el territorio nacional no fue secundario; funcionó como una maquinaria orgánica y altamente eficaz de movilización. En una elección que se definió por un margen estrecho frente al candidato de izquierda Iván Cepeda, el voto de los feligreses evangélicos actuó como el dique de contención definitivo que inclinó la balanza en regiones clave como la Costa Caribe y el interior del país.
Líderes de las principales denominaciones cristianas e influyentes pastores no sólo manifestaron su respaldo, sino que abrieron sus plataformas para que el candidato de Defensores de la Patria expusiera sus tesis. Para el electorado evangélico, De la Espriella representó la única alternativa viable frente a lo que denominaron una “amenaza secular” del oficialismo saliente.

UNA AGENDA COMPARTIDA Y LA “BATALLA CULTURAL”
La cercanía del nuevo mandatario con estos sectores se consolidó a través de compromisos programáticos férreos alineados con la denominada “derecha cristiana”:
- Defensa de la familia: Oposición abierta a las agendas de género, la adopción homoparental y la flexibilización del aborto.
- Narrativa de “Guerra Espiritual”: El uso de discursos con una fuerte carga espiritual donde la contienda política se planteó como una batalla moral entre el bien y el mal.
- Libertad de culto y representatividad: La promesa implícita de otorgar un espacio activo a las organizaciones religiosas en el diseño de políticas sociales y familiares.
“Esta no es solamente una batalla política, es una batalla moral, es una guerra espiritual por el alma misma de la patria”, llegó a afirmar De la Espriella durante su campaña, conectando con el lenguaje propio de las congregaciones.
EL DESAFÍO DE GOBERNAR EN LA DIVERSIDAD
Con la confirmación de su victoria por parte de las autoridades electorales, el gran reto de Abelardo de la Espriella será traducir este fuerte respaldo religioso en gobernabilidad en un país profundamente polarizado. Mientras sus bases evangélicas celebran el triunfo como un “milagro” y una victoria de la fe, los sectores de oposición vigilarán de cerca que el nuevo gobierno respete el carácter laico del Estado consagrado en la Constitución.
Lo que es innegable es que, a partir del próximo 7 de agosto, las iglesias cristianas evangélicas ingresan a la Casa de Nariño no como invitadas, sino como apoyo fundamental del proyecto político que liderará a Colombia los próximos cuatro años.◄


