La homofilia

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Jesús vino a formar y a buscar un sólo pueblo, sin acepción de personas / Freepik

La homofilia se define como: «amor a los iguales». Es la tendencia de las personas por la atracción a sus homónimos

Gálatas 3:28, “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.
La homofilia se define como: «amor a los iguales». Es decir: la tendencia de las personas por la atracción a sus homónimos. Y esta puede tener como elemento común los siguientes atributos: edad, sexo, etnia, color de piel, creencias, educación, estrato social, entre otros.
Jesús vino a formar y a buscar un sólo pueblo, sin acepción de personas. Donde tengas espacio blancos y negros; ricos y pobres; niños y ancianos. Hombres y mujeres. De cualquier etnia. Etc., etc.
“El analista Francis Evans realizó un estudio con 125 vendedores de seguros para determinar cuál era su éxito. Determinó que el factor clave no era la competencia, sino que los clientes tendían a comprarles a vendedores con la misma política, educación e incluso altura que ellos. Los especialistas llaman a esto homofilia: la tendencia a preferir a personas como uno”.
Pero la homofilia puede ser destructiva si no se le controla. Cuando preferimos sólo a «nuestra clase» de personas, la sociedad puede fracturarse por motivos raciales, políticos y económicos.
En la sociedad del primer siglo, los judíos estaban con los judíos, los griegos con los griegos; y los ricos y los pobres nunca se mezclaban.
Sin embargo, en el libro a los Romanos 16:1-16, Pablo describió que la iglesia de Roma incluía a Priscila y Aquila (judíos), Epeneto (griego), Febe (tal vez rica, porque ayudaba «a muchos») y Filólogo (nombre común de esclavos); todos estaban juntos.
Pero, ¿qué había ocurrido aquí? ¿Qué había unido a personas tan diferentes? El motivo era Jesús, en quien «no hay judío ni griego; […] esclavo ni libre» (Gálatas 3:28).
Es común querer vivir, trabajar e ir a la iglesia con personas como nosotros, pero Jesús nos impulsa a algo más. En un mundo tan fracturado y con tantas diferencias sociales, nos hace diferentes juntos: solamente unidos en Él como una familia. Es decir, el pueblo de Dios.

Oremos así:
“Querido Jesús, gracias por unir a un mundo tan fracturado”.
Que tengas un hermoso y bendecido día.

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