
Cuando los seres humanos están fuera del sitio de su asignación exponen su vida espiritual y sus generaciones, particularmente a su familia, al dolor y al desastre
No todas las ofertas son verdaderas, hay un sitio que Dios le tiene, donde Él va a manifestar su gloria en su vida, donde usted va a crecer, donde va a salir adelante, a esta edad que usted tiene, no puede ser inestable, no puede andar de aquí para allá, con la maldición de Caín.
Aprenda a sujetarse, venza los prejuicios. A esta edad usted tiene que caminar sujeto a autoridad, guía, dirección y revelación; a esta edad usted tiene que andar plenamente guiado por el Espíritu Santo, no puede vivir en cualquier parte; debe estar y vivir en el lugar de su asignación. Hay muchos sitios en que puede tener ofertas, llamadas y oportunidades, a esta edad no puede estar en cualquier lugar, discierna el sitio de su asignación.
Tampoco debe ir a cualquier parte, porque hay un lugar donde Dios le quiere, porque hay un sitio que Dios escogió, y es allí donde usted debe estar, para que las maldiciones no le golpeen. Tengo un amigo que estaba en las misiones en cierto lugar, él tenía un compañero de escuela que no quiso estar en el lugar de su asignación, el problema que yo noté con esta persona que rehusó estar en el lugar de su asignación era que se burlaba de mi amigo misionero.
Todo porque supuestamente en el sitio donde él estaba prosperaba más que mi amigo el misionero. Era tan malo este hombre y su corazón se había llenado de tanta soberbia, que semanalmente le preguntaba a mi amigo misionero cuánto le había entrado de dinero, el desobediente se burla diciendo, que a él le había entrado el doble. Le decía la siguiente semana cuánto te ha entrado a ti, a mí esta semana me entró el triple, al mes le preguntaba cuánto recibiste, el misionero le decía que estoy sirviéndole a Dios y me entró esto, aquel hombre de corazón malo burlándose del misionero le decía yo estoy donde quiero estar, me ha entrado 10, y 20 veces más que a ti.
El asunto es que no todo es dinero. En la vida hay cosas que son más importantes que el dinero, usted me preguntará cómo es eso: pues sí, su familia es más importante que el dinero, su paz espiritual, su salud, su llamado, etc.
¿Qué pasaba con el desobediente?, como andaba en el afán alejado de cobertura espiritual, no honraba autoridad, tuvo una catastrófica maldición: Su mujer entró en depresión, se unió a movimientos que practicaban grabaciones de películas XXX de las sociedades profundas ocultas, y en su misma casa firmaban películas con el gran descaro, que involucró hasta los niños.
El desobediente andaba sin manto, mientras él hacía lo que quería, el maligno le destruía la familia. Un día, pasado casi un año, este hombre llamó a mi amigo el misionero y le dijo aquí estoy en un avión voy preso, he perdido los niños, he perdido el matrimonio, he perdido la familia, estar fuera de mi asignación ha hecho que pierda toda mi familia, dijo al misionero “mejor sigue sirviendo a Dios”.
La historia que le estoy contando, se la estoy haciendo simple, pequeña y fácil para no escandalizar, pero cuando los seres humanos están fuera del sitio de su asignación exponen su vida espiritual y sus generaciones, particularmente a su familia, al dolor y al desastre.
Recíbame como un misionero enviado de Dios, es determinante que escuchemos la voz del Espíritu y la obedezcamos. En el sitio de su honra, en el lugar de su asignación usted podrá tener procesos de prueba y de aprendizaje, pero más temprano que tarde el Dios de la Biblia se le manifestará y le prosperará en todo, de tal manera que todos los que se burlaron de usted, se sorprenderán.
Es por eso que el Salmo 23 dice: Que el Señor es su pastor nada le faltará, y no solamente eso, dice, que Él hace banquete en presencia de los que se burlaron de usted.
Siga el buen camino, honre al Dios de las Santas Escrituras, manténgase en el lugar de su asignación, que usted verá la gloria de Dios como nunca en su vida, desde ahora y para siempre, en el nombre de Jesús, amén.
Apóstol Dr. Marcelino Sojo
De su libro “Liderazgo 40-60”; capítulo 38.


