Home Palabras del Director Los ministerios ‘evangelásticos’

Los ministerios ‘evangelásticos’

0
Dejemos de inflar nuestro ego religioso, arrepintámonos de la competencia absurda entre nosotros, puesto que a Dios nada ni nadie lo puede sorprender; mucho menos los ministros y ministerios evangelásticos / Imagen generada por IA

Existen muchos géneros de mentira, uno de ellos es la evangelasticidad, y el fin de aquellos que practican alguno de ellos es la eterna condenación, según lo asegura la Biblia en Ap. 21:8

Uno de los males que observamos en los predios eclesiásticos es la inflación de los números de quienes asisten a nuestras convocatorias por parte de algunos, a Dios gracias que no son todos, los organizadores de actividades, mayormente evangelísticas; no sabemos con qué fines, porque la gente que nos observa no es tonta ni Dios puede ser burlado.
A ese abuso estadístico (por no llamarlo mentira), le hemos dado por denominar la «evangelasticidad» —con el permiso de la Real Academia Española—, es un término que fácilmente pasa por un neologismo muy descriptivo y perspicaz con el que combinamos «evangelio» (o evangélístico) con «elasticidad».
Ese término representa un fenómeno comunicacional, ético y eclesiástico caracterizado por la manipulación consciente de cifras de crecimiento, asistencia e impacto ministerial. Para que no se diga que es un ensañamiento contra los ministerios evangelásticos, que los hay y bastante, le pedimos a la IA que nos ofreciera un concepto formal de evangelasticidad:
“Práctica institucional o individual dentro de ministerios, organizaciones o iglesias de distorsionar, estirar o abultar deliberadamente las cifras estadísticas —tales como número de miembros, conversiones, asistencia a eventos, filiales fundadas o alcance financiero— con el objetivo de proyectar un crecimiento inflado, legitimación pública o éxito ministerial” (Gemini).
«Mala práctica», diríamos nosotros, por tratarse de una distorsión de la verdad ante una inobjetable realidad que grita: ‘¡Esa cifra es falsa!’.
Quienes practican la evangelisticidad, estiran los datos reales y los moldean según la necesidad del relato publicitario o institucional, perdiendo toda credibilidad con la realidad tangible. Esa especie de triunfalismo está basada en la premisa errónea de que la validez o aprobación divina de un ministerio es directamente proporcional a la magnitud cuantitativa de sus convocatorias.
Esto lo hacen cuando retocan el informe de gestión convirtiéndolo en un libreto propagandístico o de relaciones públicas, priorizando la percepción externa sobre la integridad comunicacional y el testimonio cristiano que siempre debe estar basado sobre la veracidad de los hechos.
La evangelasticidad confunde el impacto cualitativo —crecimiento espiritual, discipulado integral, la labor social o evangelística real— con cifras infladas que resultan imposibles de verificar independientemente; las cuales engañan a los incautos, pero resultan burlescas para quienes saben de métrica y cifras por metro cuadrado.
Esta mala práctica surge cuando el pragmatismo visual supera la honestidad institucional y cristiana, utilizando la exageración deliberada como herramienta de posicionamiento. En última instancia, sustituye el testimonio transparente por una narrativa cuantitativa inflada.
Por donde lo veamos, la evangelasticidad es una mentira y quien la inspira es del padre de esta, el diablo, según lo afirma Jesús en Juan 8:44. La mentira es antagónica a la verdad, por eso nuestro Dios abomina todo engaño, Él es Padre de Verdad, mientras que Satán es padre de la mentira. La Verdad es el Señor mientras que nuestro enemigo es anti-verdad.
Existen muchos géneros de mentira, uno de ellos es la evangelasticidad, y el fin de aquellos que practican alguno de ellos es la eterna condenación, según lo asegura la Biblia: «los cobardes, los incrédulos, los corruptos, los asesinos, los que cometen inmoralidades sexuales, los que practican la brujería, los que rinden culto a ídolos y todos los mentirosos, tendrán su destino en el lago de fuego que arde con azufre. Esta es la segunda muerte» (Apocalipsis 21:8).
Ese «todos» que resaltamos en el versículo bíblico se refiere a los diferentes practicantes de los muchos tipos de mentiras que hay, las ‘blancas’, ‘negras’ y, por supuesto, la evangelasticidad.
Lo más triste de todo esto es que el mundo está muy pendiente de lo que los cristianos hacemos, decimos y de las cifras que damos. Dejemos de inflar nuestro ego religioso, arrepintámonos de la competencia absurda entre nosotros, puesto que a Dios nada ni nadie lo puede sorprender; mucho menos los ministros y ministerios evangelásticos.

Georges Doumat B.

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Salir de la versión móvil