
“Buena parte de estos beneficios otorgados a los evangélicos tienen funciones electorales… a menudo hay una explotación de mala fe por parte de algunos políticos que van a la iglesia sólo para ganar votos”, dijo Amorim
(Gospel Mais – Verdad y Vida).-
En los últimos dos años, el gobierno del presidente Lula ha adoptado una serie de medidas administrativas, alianzas y gestos institucionales destinados a acercarse al electorado evangélico, que representa aproximadamente un tercio de la población brasileña.
Las medidas van desde la cesión de terrenos en los asentamientos para la construcción de iglesias hasta la asignación de fondos para eventos religiosos, con el objetivo de reducir el rechazo y mejorar los índices de aprobación en las encuestas de opinión.
En lo que respecta a las cuestiones de tierras, el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA) ha formalizado la transferencia de los derechos de uso de la tierra en los asentamientos a instituciones religiosas, incluidas denominaciones como la Asamblea de Dios y la Iglesia Universal.
Esta práctica, que ya existía para otros fines comunitarios, permite a las iglesias utilizar áreas públicas para erigir templos sin transferir la propiedad, y ha ganado mayor visibilidad al servir a grupos evangélicos en varias regiones del país.
En el ámbito presupuestario, se firmaron al menos siete convenios entre 2023 y 2025, con fondos federales destinados a la organización de Marchas para Jesús y festivales de música gospel. Los montos de las transferencias varían entre R $ 220.000 y R $ 450.000 por evento, abarcando ciudades como Santa María (RS), Presidente Prudente (SP) y Aratuba (CE).
Un paquete adicional a finales de 2025 destinó aproximadamente R$ 950.000 a eventos en Porto Alegre (RS) y Cuiabá (MT), clasificados legalmente como incentivos para el turismo y la cultura, siguiendo una práctica ya establecida para grandes eventos oficiales.
El uso de instalaciones públicas también forma parte de la estrategia. En un caso documentado, el Ministerio de Deportes autorizó el uso del Arena Carioca, en Río de Janeiro, para actividades promovidas por la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, lo que demuestra la apertura de estructuras estatales para eventos religiosos de gran envergadura con base en criterios administrativos.
En el ámbito social, el programa “Creer en el Primer Paso”, vinculado al Ministerio de Desarrollo Social, ha incorporado al menos a 16 organizaciones evangélicas como socias en la implementación de políticas de formación profesional e inclusión productiva. Estas entidades trabajan directamente con los beneficiarios inscritos en el Registro Único, ampliando la presencia del Estado en regiones con escasa infraestructura social.
En el plano institucional, el gobierno ha intensificado los gestos simbólicos, como el envío de mensajes oficiales a la Marcha por Jesús y el reconocimiento del papel social de las iglesias, buscando reconstruir los lazos con un electorado que rechazó enérgicamente al actual presidente en 2022.
LOS CRÍTICOS SEÑALAN EL USO DE LA FE EN LAS ELECCIONES
El pastor e investigador Felippe Amorim advierte sobre el uso estratégico de la fe como herramienta electoral por parte de los políticos, motivados por el peso del electorado religioso. “Tengo la firme impresión de que una buena parte de estos beneficios otorgados a los evangélicos tienen funciones electorales”, observa, destacando que esta práctica no se limita a un solo espectro político.
Según Amorim, esta lógica se manifiesta en la frecuente presencia de políticos en las iglesias, especialmente en los períodos preelectorales, donde “ambos bandos van a la iglesia… quieren votantes”.
Señala que tal medida por parte del gobierno de Lula puede indicar menos una convicción religiosa genuina y más un intento de conectar con un público amplio, afirmando que “a menudo hay una explotación de mala fe por parte de algunos políticos que van a la iglesia sólo para ganar votos”.
El investigador subraya la necesidad de discernimiento por parte de los fieles, aconsejando que la elección de un candidato por parte de un cristiano debe basarse en principios profundos, no solo en la identificación religiosa o en el discurso político inmediato.
“Un cristiano debe elegir a su candidato de acuerdo con los principios cristianos que practica”, argumenta, animando a la reflexión y al estudio antes de emitir un voto, especialmente en medio de la desinformación y la polarización.◄


