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Profetas de lengua dulce Vs. Heraldos de Dios, Diego Ortiz

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Estos mercaderes de la fe llamados los profetas de lengua dulce, son una vergüenza para el Reino de Dios similares a su antecesor el profeta Balaam

“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15).
La Biblia señala como profetas de lengua dulce a aquellos que dicen hablar en nombre de Dios, más su palabra está llena de adulancia, lisonja, complacencia y emotividad almática; con lo cual se convierten en vasos de deshonra que mal ponen el nombre de Dios hablando desde su propio corazón más no anunciando con veracidad los pensamientos del Dios al que dicen servir.
Por tanto, señalan las Escrituras: “Dice Jehová: He aquí que yo estoy contra los profetas que endulzan sus lenguas y dicen: Él ha dicho. He aquí, dice Jehová, yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y con sus lisonjas, y yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová” (Jeremías 23:31-32).
En este respecto, Dios también en su Palabra nos anima a no dar crédito ni valor a tales personas, sobre los cuales el cielo anuncia una dura sentencia al osar hablar en nombre de Dios, sin que Dios haya hablado ni les haya autorizado para ello.
En la antigüedad tal temeridad se pagaba con la vida, mas hoy en el esplendor de la gracia, dado que Dios es tardo para la ira y grande en misericordia muchos cruzan dichas fronteras y con gran atrevimiento y falta de temor a Dios profieren palabras en nombre de Dios que en la mayoría de los casos están cargadas de herejías lapidarias.
Estos mercaderes de la fe llamados los profetas de lengua dulce, son una vergüenza para el Reino de Dios similares a su antecesor el profeta Balaam, ya que sólo son motivados por sus delirios de grandeza, hambre de fama, reconocimiento y beneficios económicos y de posición.
Muy por el contrario, los verdaderos Heraldos de Dios, o profetas del Señor no se prestan para tales prácticas y cuando hablan en nombre de Dios sus palabras edifican, confrontan y redarguyen a los hombres, llamándoles al arrepentimiento y la reconciliación.
En especial los profetas de palacio, que tienen la difícil tarea de ser una voz de Dios a los dignatarios de sus naciones, han de ser maduros en el ejercicio de su oficio profético y tener la preparación requerida para sin quebrantar los protocolos establecidos, poder llevar el mensaje de Dios sin caer en los acantilados de la lisonja, la ambición y la burda complacencia.
Qué triste es ver hoy en los medios de comunicación a estos bufones contemporáneos que no son más que profetas de lengua dulce, quienes hablan con tal temeridad que emiten profecías absurdas y proclaman sentencias totalmente alejadas de la verdad bíblica y del Espíritu de Dios.
Más la gran pregunta es: ¿Dónde están los ancianos de Dios que corrijan a estos profetas de lengua dulce y desenmascaren a los lobos encubiertos en el rebaño?, ya que muchos de ellos andan como “pollo sin cabeza” dejando en descrédito y sometiendo al escarnio público a la Iglesia de Cristo.

Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz

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