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Si no perdonamos, estamos perdidos

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Dios nos está diciendo con claridad meridiana que cuando se trata de perdonar, NO tenemos opciones, a menos que decidamos renunciar a nuestra salvación

La fraseología del perdón que se encuentra en el Padrenuestro tiene dos lados. El primero tiene que ver con la actitud de Dios hacia el pecador (y perdónanos nuestras deudas); el segundo, es la actitud de un pecador hacia otro pecador, (como también nosotros perdonamos a nuestros deudores). Dios no tiene ninguna dificultad para perdonarnos; nosotros, en cambio, sí las tenemos y eso es, precisamente, lo que exige una comprensión cabal de esta doctrina.
El evangelista Marcos recoge una sentencia lapidaria de Jesús: “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.  Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas” (Marcos 11:25-26).  Esa es una declaración bíblica demasiado importante. Dios nos está diciendo con claridad meridiana que cuando se trata de perdonar, NO tenemos opciones, a menos que decidamos renunciar a nuestra salvación. Es decir, si no podemos perdonar a otros, Dios tampoco nos perdonará.
A las personas les cuesta perdonar a otros porque perdonar significa pasar por alto o No cobrar. Ahora bien, es necesario corregir una postura antibíblica que pregona que perdonar es olvidar. El olvido no es un acto que el hombre pueda manejar voluntariamente; el perdón sí lo es. No es preciso olvidar la ofensa para que el perdón se verifique.  Lo necesario es comportarse con el ofensor como si hubiéramos olvidado el agravio.

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Néstor Alejandro Blanco
Pastor, teólogo, docente, locutor, escritor, autor de los libros Una Cita en el Altar, Lluvia Sobre la Hierba y Radiografías del Alma, además de numerosas publicaciones para la prensa cristiana, así como de material de crecimiento espiritual para la iglesia. Nacido en Caracas, Venezuela, actualmente reside en Santo Domingo, República Dominicana. Está casado con Rafaela Flores y es padre de dos hijos, Néstor Rafael y Néstor Alejandro.

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