Te irá bien

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Dios asegura que quien obra prudentemente “le irá bien”, “prospera”, “obtendrá su recompensa”

“El que guarda la prudencia le irá bien” (Proverbios 19:8b).
“Que te vaya bien” es una expresión común que usamos cuando despedimos a un familiar o a un amigo. Es un buen deseo. Pero de acuerdo a nuestro proverbio no todo es sólo deseo: hay condiciones para que tal anhelo cristalice, y en nuestro caso esa condición es obrar con prudencia.
“El que guarda la prudencia le irá bien” es una afirmación que va unida a “el que posee entendimiento se aprecia a sí mismo”. Así que, adquirir y guardar van de la mano. De nada sirve un consejo si no se recuerda o si se recuerda y no se practica. Y la verdad es que a veces estamos en un extremo o en el otro. Por tanto, “guardar prudencia” es “retener el discernimiento” (NVI); “poner en práctica lo aprendido” (DHH). Es imposible ser sabio y no aprender a ser prudente.
El diccionario enseña que prudencia es cautela, moderación, sensatez, buen juicio. Es “una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello” (DRAE). Nuestro proverbio asegura que quien obra prudentemente “le irá bien”, “prospera”, “obtendrá su recompensa”. Batherlemy escribió: “De todas las cualidades del alma, la más excelente es la sabiduría, la más útil la prudencia”. Es lo instrumental de nuestro proverbio con una excelente finalidad: “que nos vaya bien”.
El relato más emblemático sobre la prudencia es el de las diez vírgenes. Cinco prudentes y cinco imprudentes. ¿A quiénes les fue bien? A las prevenidas, prudentes, precavidas e íntegras. A las diligentes.
Por tanto, se puede ser prudente al callar, al hablar, al aceptar o rechazar algo, al estar preparados; entonces, y solamente entonces, te irá bien. ¿Qué piensas?

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