(Greyda Durán).-
SANTO DOMINGO.- Diversos especialistas y teólogos advierten sobre una preocupante crisis en la música cristiana contemporánea, señalando que el enfoque ha mutado de la edificación doctrinal al entretenimiento comercial. Según el teólogo Javier Fuentes y otros expertos, la sustitución de himnos históricos por “consignas emocionales” y ritmos agresivos está generando una espiritualidad fragmentada en las nuevas generaciones, planteando un desafío urgente: recuperar la reverencia y la profundidad bíblica en un altar que, en muchos casos, ha comenzado a confundirse con un escenario.
“La música dejó de ser vehículo espiritual para convertirse en industria, mercadeada para provocar reacción, no reflexión. Así, la función de la música mutó de edificar el alma a entretener la carne”, expresó el politólogo y teólogo dominicano Javier Fuentes en su artículo titulado “Irreverencia en la adoración cristiana” a través de almomento.net.
Fuentes hace referencia que los himnos que una vez enseñaban doctrina y reverencia como “Oh Dios eterno” o “Castillo fuerte”, “fueron sustituidos por frases vacías, ritmos exaltados y emociones desbordadas. Se canta más fuerte, se repite más, pero se entiende y se adora menos. El altar se volvió escenario y el músico: animador”.
“La Iglesia cantó no siempre para sí. Hubo un tiempo en que los himnos eran oración, teología y esperanza. Letras como ‘Más allá del sol’ no ofrecían promesas terrenales, sino la eternidad, ‘Asombrosa gracia’ no exaltaba la autoestima, sino el asombro por la misericordia inmerecida; y clamor como ‘Quiero ser salvo de toda mi maldad’ revelaba una conciencia aguda del pecado y una búsqueda sincera de redención. Eran cantos que nacían de rodillas y se elevaban al cielo como incienso”.
Hoy, esos himnos han sido desplazados por frases pegajosas que muchas veces carecen de profundidad, quebrando el vínculo entre adoración y transformación. Fuentes explica que muchos cantos actuales mencionan a Dios pero no lo reflejan. Cantan “Jehová acabó con ‘to” o “Candela que quema”, el contenido es agresivo, irreverente o centrado en el “yo”. “No son salmos ni oraciones, sino consignas emocionales sin profundidad bíblica”, manifestó el teólogo dominicano, quien dio como ejemplo las canciones de la merenguera Martha Candela, una cantante cristiana dominicana viral, conocida por su estilo enérgico de “mambo cristiano”.
Por su parte, Luis Pino, músico cristiano dominicano, advierte que “la música cristiana debe ser un puente entre la cultura y la santidad, sin perder profundidad teológica ni reverencia”. La musicóloga Marta Valdés añade que “la pérdida de armonía en la adoración refleja una crisis en la comprensión de lo sagrado”. En otras palabras, la banalidad musical no es un error técnico: es un síntoma espiritual.

EL PROBLEMA ES MÁS ANTIGUO
El escrito del teólogo y comunicador dominicano, describe que esta “distorsión afecta generaciones. Jóvenes criados entre pantallas, beats electrónicos y letras vacías, desarrollan una espiritualidad fragmentada: emocional, pero sin doctrina; vibrante, pero sin fundamento. Adoran sin saber a quién, sienten sin saber por qué. Se pierde la relación con el cielo, se confunde el mover del Espíritu con una reacción fisiológica”.
La música no es neutral. David Tame afirmó: “Las civilizaciones son construidas o destruidas por su música”. Por su parte, “la Biblia nos da ejemplos claros de como Dios reacciona ante la profanación del culto. Nadab y Abiú, hijos de Aarón, ofrecieron ‘fuego extraño’ delante del Señor, algo que Él no les había mandado (Levítico 10:1-2). Su acto, posiblemente impulsado por un entusiasmo emocional sin obediencia, provocó que cayera fuego del cielo y los consumiera. No fue el ruido lo que los condenó, sino la irreverencia”.
“El culto a Dios no se define por la creatividad humana. La santidad de Dios exige obediencia exacta. La cercanía al ministerio no sustituye la reverencia. En cambio, Finees, nieto de Aarón, recibió aprobación divina cuando, con celo santo, detuvo una adoración contaminada por el pecado sexual y la idolatría (Números 25:6-13). Fue una acción que restauró el orden y la pureza del culto. Dios mismo declaró que su acción le trajo ‘un pacto de paz’ y ‘sacerdocio perpetuo’. El mensaje es claro: Dios no sólo recibe lo que se le da, Él exige lo que mandó”.
DISTRACCIONES
En su serie, “El poder oculto de la música”; Oliver Coronado advierte que Satanás ha logrado introducir en el culto patrones musicales destinados más al sentido que al espíritu, generando fanatismo y distracción.
Coronado señala que “hay quienes desean repetir falsos reavivamientos mediante el ruido desconcertante, el desorden, los dones de lenguas, la risa santa y los éxtasis. Satanás ha tenido mucho éxito llevando a los hijos de Dios sinceros, mediante engaños, a los extremismos que tanto daño hacen a las iglesias”.
La estructura musical no es inocente, afirma Coronado: “puede ser un altar o un abismo, dependiendo de a quién exalte”.
Hoy más que nunca se libra una guerra invisible en todos los espacios: la lucha entre la luz y las tinieblas también ocurre en el sonido. No basta con mencionar a Dios en una canción. Hay que honrarlo con melodías santas, letras limpias y estructuras que reflejen su orden. La música que proviene de lo alto transforma. La que viene del ego, entretiene y confunde.
Ante esto, considera Fuentes que es importante recuperar la esencia de la adoración que exalta al Creador, no al cantante; “himnos que eleven la mente y el espíritu; ritmos que armonicen con la santidad de Aquel a quien servimos. Dios no busca ruido; busca espíritu y verdad (Juan 4:23-24). Y eso no lo da el volumen ni la moda, sino el corazón rendido”, pues “no todo lo que suena sube al cielo. No todo coro es incienso y no toda canción que menciona a Dios tiene su respaldo”.◄



