La invitación es a separar y a consagrar un espacio diario de nuestro tiempo, aunque sea breve, para orar y rendirnos así ante el Altísimo

¡Bienvenidos al milagro de la oración! Te invitamos a venir al altar a disfrutar de la presencia de Dios; porque en medio de los ruidos que produce nuestra vida necesitamos escuchar su voz, y -lo que es más importante- obedecerla. No nos referimos al altar de incienso donde Zacarías, el padre de Juan el Bautista se encontró con un ángel; ni tampoco al altar de sacrificios de expiación donde se procesaban los pecados en el Antiguo Testamento; ni de ninguna otra forma física que relacionemos con sitios religiosamente definidos.
La invitación es a separar y a consagrar un espacio diario de nuestro tiempo, aunque sea breve, para orar y rendirnos así ante el Altísimo. En cualquier momento y lugar en que hagamos eso estaremos construyendo espiritualmente nuestro altar, donde el Señor, con toda seguridad, siempre nos estará esperando para transformarnos.
La invitación es, pues, a aprender a orar, y lograr, finalmente tener una vida de oración.
Néstor A. Blanco S.
Pastor y escritor


