¡Es lamentable que nuestra generación les recuerde como la generación de pastores y apóstoles que en vez de edificar al Cuerpo de Cristo fue la que más división ocasionó en el cuerpo de Cristo!
Observo con preocupación un fenómeno recurrente en el gremio pastoral de La Gran Caracas, y es la eterna división y fragmentación entre las distintas organizaciones y sus líderes espirituales.
Lejos de proyectar el testimonio de fraternidad y paz que la sociedad venezolana necesita, presenciamos con frecuencia cómo diversos pastores y apóstoles se encierran en posturas excluyentes e individualistas. Es impresionante ver que pastores y apóstoles con sus organizaciones sostienen que sus eventos de oración, vigilias, marchas, cultos y actividades son los únicos legítimos o prioritarios a los que la ciudadanía debe asistir, y no sólo eso, sino que, ellos con frecuencia alegan que estos eventos son los que están generando transformación en el país… Pero, ¿transformación de qué?
Por favor pastores, por qué seguir engañándonos, todos sabemos que los problemas en este país siguen y cada vez son más.
Mire nada más a su alrededor cómo persisten los problemas graves de electricidad, agua, gas y ni hablar de la estanflación que está ocurriendo simultáneamente con una hiperinflación destructiva que ha pulverizado el poder adquisitivo de los venezolanos.
Y peor aún es que los mismos políticos siguen gobernando la nación, ¿entonces? ¿De qué transformación hablan? La verdadera transformación no consiste en pegar gritos desde un púlpito o tarimas haciéndole creer al pueblo que estamos en avivamiento, sino en preparar hombres y mujeres piadosos y temerosos de Dios que sean capaces de penetrar las esferas de influencia con la intención de legislar y poder traer una reforma para bendición de nuestra nación.
El hambre por el protagonismo no sólo desvirtúa el propósito trascendente del servicio a la Comunidad y a la gente que pastoreamos, sino que confunde, divide y resta eficacia al impacto social positivo que la fe puede generar en momentos tan cruciales en medio de nuestra sociedad.
Frente a esta realidad, y con mucho respeto les manifiesto lo siguiente:
La verdad y la fe trascienden el monopolio institucional: Ninguna organización, por numerosa o histórica que sea, puede arrogarse el dominio absoluto de la verdad ni marginar la búsqueda espiritual de otros sectores.
La verdadera grandeza espiritual se demuestra en el servicio y la empatía con sus iguales, no en el exclusivismo y el individualismo.
Los eventos de fe deben convocar, no dividir. Las convocatorias religiosas deben ser espacios de sanación, encuentro y crecimiento personal, y no plataformas de competencia para demostrar a través de los medios quién tiene más poder de convocatoria, ni mucho menos para transmitir mensajes populistas.
(Me preocupa que este tiempo ahora los políticos hablan como los pastores y los pastores hablan como los políticos, con un mensaje populista).
Venezuela necesita verdaderos referentes de unidad. En una nación fracturada por múltiples tensiones, los líderes y comunidades de fe tienen la responsabilidad ética y moral de modelar el diálogo, el respeto recíproco y el trabajo conjunto.
Por último, estoy consciente que mi escrito puede generar incomodidad a varios líderes en esta ciudad e incluso a mis amigos. Sin embargo, viene a mi memoria que Pablo le hizo un llamado de atención a Pedro, entonces, ¿cuál es el problema que yo lo haga con alguno de ustedes? («Pero cuando Pedro llegó a Antioquía, tuve que enfrentarlo cara a cara, porque él estaba muy equivocado en lo que hacía» Gálatas 2:11 NTV).
¡Es lamentable que nuestra generación les recuerde como la generación de pastores y apóstoles que en vez de edificar al Cuerpo de Cristo fue la que más división ocasionó en el cuerpo de Cristo!
Antes de terminar mi escrito, aclaro que, aunque pertenezco a una Federación de Iglesias en Venezuela, no escribo en nombre de dicha Federación, sino que lo hago a modo personal.
Que Dios nos agarre confesados.
Atte:
Josué Zubiandi
Pastor



