
Para ellos, el valor supremo ya no es la verdad revelada, sino la aceptación emocional y social: no rechazar personas, no herir, no parecer intolerantes
Muchos evangélicos modernos han adoptado una cosmovisión de no exclusión (según ellos tienen más gracia y amor por los pecadores que el mismo Jesús) que, en la práctica, redefine categorías bíblicas clave como pecado, arrepentimiento, santidad y verdad. Para ellos, el valor supremo ya no es la verdad revelada, sino la aceptación emocional y social.
Esta postura parte de una intención según ellos legítima:
- no rechazar personas,
- no herir,
- no parecer intolerantes.
Pero el problema surge cuando esa intención desplaza el evangelio y lo convierte en un mensaje centrado casi exclusivamente en inclusión, identidad y validación.
En este enfoque:
- El amor se redefine como aceptación sin confrontación.
- La unidad se entiende como diversidad sin corrección.
- La gracia se separa del arrepentimiento.
Jesús se presenta más como símbolo de empatía que como Señor que llama a negarse a uno mismo.
Así, figuras culturales como Bad Bunny —que hablan de amor, diversidad, protección de los marginados— encajan fácilmente como referentes morales o símbolos de justicia, incluso cuando su mensaje, estética o valores chocan con la ética bíblica.
Matuel Rodríguez


