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¿Eres así?

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quien tarda en airarse manifiesta una vida sobria donde impera el entendimiento y el temor santo al Señor / Freepik

Un ser iracundo termina despreciado porque la impaciencia es quien reina en su corazón y no el Espíritu Santo de Dios

Según la RAE, el término ira se conoce como: 1. Sentimiento de indignación que causa enojo, 2. Apetito o deseo de venganza. Cuando La Biblia habla de la ira de DIOS se refiere a la “respuesta santa, justa y medida de DIOS contra el pecado, la injusticia y la maldad”. (vía Compelling Truth). ¿Y, qué dice para nosotros?: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Efesios 4:26. RVR1960). Ciertas personas por nada se encienden, causan incendios con llamas infernales… ¿Eres así, de los que se enojan con facilidad y por toda nimiedad? Seamos de los que bendicen, y no de los que agotan.
Escrito está: “El que tarda en airarse es grande de entendimiento; mas el que es impaciente de espíritu enaltece la necedad” (Proverbios 14:29. RVR1960). Vale destacar que, la ira del hombre no se asemeja en nada a la ira de DIOS; por ende, la exhortación a controlarnos tiene un porqué sumamente claro.
Así que, DIOS es lento para la ira, nosotros, los seres humanos deberíamos imitarle sin berrinches o presumiendo de “santidad”; los arranques de furia, ¿cuántos muertos o heridos graves han dejado por el camino? En hebreo, ‘af’ (Strong #639) expresa respiración agitada por la pasión, ira; un ser iracundo termina despreciado porque la impaciencia es quien reina en su corazón y no el ESPÍRITU SANTO DE DIOS. ¿A quién mantienes herido por una ira insana? ¿Cómo se pueden recoger las palabras dichas después de un ataque de ‘af’?
Sin embargo, quien tarda en airarse manifiesta una vida sobria donde impera el entendimiento y el temor santo al SEÑOR. La Biblia dice: “En el corazón del prudente reposa la sabiduría; pero no es conocida en medio de los necios” (Proverbios 14:33. RVR1960). La ira humana es cruel; además, sus fuentes son el orgullo, el egoísmo, la envidia, la comparación, la competencia o destructividad. Amados y amadas de DIOS, que reine la sobriedad; si brilla el dominio propio, nunca más la ira podrá hacer daño.

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