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Así pensaba Bolívar (15)

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Bolívar muestra en su pensamiento un equilibrio entre la razón y la fe, dejando evidencia en su razonamiento que Dios es el autor de toda verdad

“El objeto más noble que puede ocupar el hombre es ilustrar a sus semejantes”.- Simón Bolívar.
Este pensamiento del libertador siempre recordado en la celebración del Día del Maestro, hasta hoy, pone en evidencia el alto concepto que Bolívar tenía del oficio del maestro, el cual es acompañado con otro más amplio en su discurso al Consejo de Gobierno de Bogotá en acto político reseñado en la Gaceta de Colombia Nº 354 del 26 de junio de 1828, donde el Libertador expreso:
“Yo ofrezco que ningún objeto será de tanta preferencia para mí, en lo sucesivo, como la dirección de esos retoños de la vida, de esos ciudadanos que van a ser los sucesores de nuestros derechos, de nuestra libertad y de nuestra independencia, para que conserven estos preciosos bienes por sus virtudes y su ilustración o la instrucción que enriquece las facultades del alma, es el complemento de la naturaleza o Yo dirigiré, desde ahora, mis pasos a la instrucción de los pueblos”.
Vemos cómo en su legado de vida, Bolívar comprende la importancia de garantizar que las nuevas generaciones sean instruidas integralmente en su desarrollo intelectual y moral para garantizar edificar una sociedad de ciudadanos fuertes.
En su análisis “Bolívar educador de pueblos”, el célebre historiador colombiano Guillermo Hernández de Alba señala muy acertadamente sobre el libertador: “El que bebe las doctrinas de Locke, Condillac, Helvetius, Montesquieu, Filangieri, Rouseau, Voltaire y Berthot, volverá sus ojos al escolasticismo y buscará en la moral cristiana la base de la verdadera educación”.
Bolívar muestra en su pensamiento un equilibrio entre la razón y la fe, dejando evidencia en su razonamiento que Dios es el autor de toda verdad y es imposible pensar que Él enseñaría en el orden natural algo que contradice lo que enseña en el orden sobrenatural. Lo cual es uno de los mayores logros del escolasticismo como movimiento filosófico que preño de sus ideas aristotélicas a Bolívar y muchos de sus contemporáneos.
Bolívar, en las postrimerías de su vida, ordena del patrimonio que le quedaba de las minas de Aroa junto con algunos fondos recibidos del Perú, invertir esos recursos en Caracas en las escuelas de Lancaster, a quien el libertador consideraba un genio de la pedagogía y maestro ejemplar.
Lancaster como maestro, fue una inspiración para Bolívar, de lo que Guillermo Hernández de Alba en su investigación escribe: “Una tarde del mes de septiembre de 1810, en la residencia de la calle Grafton, hogar del Precursor don Francisco de Miranda, el Embajador de la Capitanía General de Venezuela en Londres, Coronel don Simón Bolívar, escucha entusiasmado de labios del fogoso innovador de la pedagogía, don José Lancaster, la exposición de su nuevo sistema educativo y con esa su vivacidad característica caen sobre Bolívar las nuevas inolvidables impresiones que un día se harán palpables dentro del pensamiento educativo del gran Libertador. Las ideas del británico se conjugan ampliamente con las ideas del caraqueño y hechos jirones quedan esparcidas a través de la carrera de Bolívar”.
Tal es la influencia del maestro Lancaster en Bolívar como hombre de letras, pero fiel siervo de Jesucristo y devoto cuáquero, que modeló ante el libertador la combinación de estas dos virtudes, llevando sin lugar a dudas al libertador a razonar lo que plasmo en su célebre frase: “La moral en máximas religiosas y en la práctica conservadora de la salud y de la vida, es una enseñanza que ningún maestro puede descuidar”.
Tan claro está Bolívar en este respecto que “en plena campaña del Perú le sorprende la visita del norteamericano Hiram Paulding. Comparten confidencialmente y, una mañana, cuenta el yankee en rasgo memorable de Bolívar en campaña, rueda la conversación sobre asuntos religiosos y dice el Libertador: La libertad de religión debe ser consecuencia de las instituciones libres y de un sistema de educación general. Yo he hecho establecer el sistema lancasteriano en todo Colombia, y eso sólo hará a la generación venidera muy superior a la presente”, cita Guillermo Hernández de Alba.
Analizando el pensamiento del libertador sobre el papel del maestro y el enfoque de la educación a la luz de las Sagradas Escrituras, podemos concluir con otro de sus pensamientos: “El desarrollo moral del hombre es la primera intención del Legislador: luego que este desarrollo llega a lograrse, el hombre apoya su moral en las verdades reveladas, y profesa de hecho, la religión, que es tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por investigaciones propias”, así Bolívar dicta el célebre decreto proscribiendo el libre examen, anatematizando el sensualismo y creando en las universidades y colegios, la cátedra de Moral Bíblica, cifra y base de toda educación.
Así pensaba Bolívar.

Diego Ortiz
Pastor y comunicador
@ps.diegoortiz

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