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“Aun por debajo de la piel”

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Nuestra pureza en Jesús va muy por debajo de la piel, porque Él conoce y purifica nuestro corazón. Él hace un trabajo endógeno; es decir, de adentro hacia afuera

Salmo 32:1-2, “Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño”.
Por allá por los años 70 u 80 llegó al pueblo donde nací y me crie, la moda de tatuarse la piel. Gracias a Dios la madre que me dio nunca dejó que me tatuara uno.
Pero un amigo muy cercano de esos que jamás se olvidan se hizo uno en el brazo derecho. El tatuaje era un corazón. Pero los tatuadores no eran muy expertos y el dibujo parecía más a una “pepa de aguacate tallada” que a un corazón. Ja, ja, ja.
Nunca más pudo borrarse ese tatuaje.
Cada vez que veíamos el dibujo en el brazo de mi amigo era para reírnos con él.
Cuenta en el siguiente testimonio el Sr. Tom Felten que: “José, un joven creyente en Jesús, visitó la iglesia de su hermano. Cuando entró, al hermano se le cayó la cara de vergüenza al verlo. Como vestía mangas cortas, los tatuajes de José se veían en ambos brazos. Su hermano le dijo que se fuera y se pusiera una camisa de mangas largas, ya que muchos de esos tatuajes reflejaban su pasado. De repente, José se sintió sucio. Pero otro hombre escuchó la conversación y llevó a José a ver al pastor, contándole lo sucedido. El pastor sonrió, desabrochó su camisa y mostró un tatuaje grande en su pecho: algo de su pasado. Le aseguró a José que, como Dios lo había purificado interiormente, no necesitaba cubrirse los brazos”.
Igualmente pasó con el rey David, experimentó el gozo de ser purificado por Dios. Después de confesar su pecado, escribió: «Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado (Salmo 32:1). Ahora podía «[cantar] con júbilo» con «los rectos de corazón» (v. 11).
Siglos después, el apóstol Pablo citó el Salmo 32:1-2 en Romanos 4:7-8, declarando que la fe en Jesús lleva a la salvación y a una posición purificada delante de Él (ver Romanos 4:23-25).
Nuestra pureza en Jesús va muy por debajo de la piel, porque Él conoce y purifica nuestro corazón (1 Samuel 16:7; 1ª Juan 1:9). Él hace un trabajo endógeno; es decir, de adentro hacia afuera. Regocijémonos hoy en su obra purificadora.
Que tengas un excelente y bendecido día.

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