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“Indigno, miserable y sin valor”

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Te invito a aceptar y recibir su amor. Entrégale a Él tus cargas y heridas, cuéntale las cosas que hay en ti; tu dolor y pena, para que te sane / Imagen generada por IA

Dios nos ha invitado a su mesa a pesar de cómo nos miremos. Quiere que participemos como hijos del Rey, no importa si tienes o no culpa de lo que sufriste en el pasado, el Señor desea cambiar tu presente y futuro

2 Samuel 9:7-8 (RVR 1960): “Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa. Y él inclinándose, dijo: ¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”.
La vida de muchas personas hoy, es muy parecida a la vida que le tocó vivir a Mefiboset hijo de Jonatán.
Después de haber nacido en cuna de rey por la muerte de sus padres y familiares pasó a vivir en el abandono y la indigencia.
¿Tal vez hayas dicho en tu vida las siguientes palabras «no soy nada»?
Los acontecimientos que vivimos en el pasado, aquellos que han dejado heridas y dolor, ya sea en nuestra infancia o por culpa de nuestras propias decisiones; nos impiden recibir el amor de Dios.
Cuando Saúl es derrotado y su reinado cae, la empleada queriendo proteger al niño. Escapó con el nieto del rey, de nombre Mefiboset. En su carrera por escapar por el camino hizo caer al niño, por lo que, desde ese momento, este quedó lisiado de los pies, escondido en un lugar distante y olvidado por el mundo, por muchos años.
Siendo David el rey se recuerda de la promesa que hizo un día a su mejor amigo Jonatán (el padre de Mefiboset). Por lo que decidió cambiar el rumbo de la vida de Mefiboset.
Lo invitó a comer a su mesa como uno de los hijos del rey. Así mismo, le ofreció riquezas y empleados que cuiden de él.
Pero, Mefiboset dijo: «¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?», en otras palabras, dijo «no soy nada». Se veía como alguien sin valor; con sus palabras no sólo se reduce a la categoría de un animal, sino de un “animal muerto”, aquel que está listo para ser desechado.
Mefiboset se sentía indigno de participar en la mesa del rey por los sucesos del pasado, aquellos hechos que le habían ocurrido en la infancia de los que no era culpable, pero que le dejaron huellas profundas que le marcaron el corazón.
Sin embargo, y a pesar de sus pensamientos, el rey David le da un lugar especial.
Tal cual es Dios con nosotros. Él nos ha invitado a su mesa a pesar de cómo nos miremos: «indigno, miserable y sin valor». Quiere que participemos como hijos del Rey, no importa si tienes o no culpa de lo que sufriste en el pasado, lo principal es que el Señor desea cambiar tu presente y futuro.
Te invito a aceptar y recibir su amor. Entrégale a Él tus cargas y heridas, cuéntale las cosas que hay en ti; tu dolor y pena, para que te sane y puedas decirle como dijo Mefiboset: “¿qué derecho tengo de reclamar más, si me has dado todo?”. No soy nada, pero me ha dado todo.
Que tengas un excelente y bendecido día.

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