Esta palabra denota que existe una sobresaturación de información por la llegada y masificación del internet y las redes sociales. Indudablemente, todo en exceso es malo, y no todo nos conviene
Mientras leía la obra titulada “Depende”, del Dr. Juan Carlos Calderón, me topé con el acrónimo infoxicación (intoxicación por información); según lo expuesto por mi amigo en su libro, el neologismo fue acuñado por Alfons Cornellá. Esta palabra denota que existe una sobresaturación de información por la llegada y masificación del internet y las redes sociales. Indudablemente, todo en exceso es malo, y no todo nos conviene; la Biblia enfatiza: “Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica” (1ª Corintios 10:23. RVR60).
¿Edifica lo que diariamente vemos a través de los medios de comunicación y la red? ¿Estamos contaminados por exceso de información basura? ¿El don de discernimiento ha fallado en la Iglesia? Debido a todo lo antes expuesto, hoy puedo decir direccionado por el Eterno que, debemos entrar en una real desinfoxicación; es decir: ¡Desinfoxícate!
Con sumo respeto ante todos mis hermanos y hermanas en CRISTO; pero estoy seguro de que han caído sin darse cuenta en “Phishing”. Los que practican esta forma de burla se mueven como pez en el agua para manipular a sus fieles incautos. Este “término informático que distingue a un conjunto de técnicas que persiguen el engaño a una víctima ganándose su confianza haciéndose pasar por una persona, empresa o servicio de confianza (suplantación de identidad de tercero de confianza), para manipularla y hacer que realice acciones que no debería realizar (por ejemplo, revelar información confidencial o hacer click en un enlace)”. (https://es.wikipedia.org/wiki/Phishing).
Normalmente, usan la ingeniería social para realizar la farsa, se hacen pasar por empresas importantes, bancos u otras entidades que ofrecen ayuda a los necesitados del mundo; y para más inri, no les importa a quienes defraudan. Con esta técnica diabólica han robado información a millones de personas, por ejemplo: claves secretas, dinero, datos sensibles, etc.; por tal motivo, es necesario prestar atención a cada correo o link recibido que, a veces, y de forma ligera y por desconocimiento compartimos sin comprobar la fuente y el objetivo que persigue dicho enlace.
Hace pocos días le llegó a mi esposa por WhatsApp un link de uno de los supermercados más importante de España; en él decía que podía ganar cientos de euros con solamente seguir unos pasos muy sencillos. Lo que estos antisociales no sabían, es que, en ese instante, estábamos haciendo nuestra compra habitual de la semana en dicho establecimiento. En el parking vimos que llegaba uno de los trabajadores, e inmediatamente le preguntamos: ¿Esta es una promoción de…? “¡No, jamás verán algo semejante, siempre las promociones se observan en los súper! Dijo sin aspavientos.
En otras palabras, el tentador no descansa, y por ello, a cada rato se inventa una nueva; me acuerdo de lo enseñado por el apóstol Pablo a los de Tesalónica: “Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más, envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano” (1ª Tesalonicenses 3:5. RVR60). Satanás es astuto para tentar a cualquiera con la codicia; sí, una simple instrucción para llegar a algunos eurillos es una carnada apetecible para quien no tenga el discernimiento al día; y, por ende, su fe está debilitada.
La orden que tenemos de parte del ESPÍRITU SANTO es la siguiente: “¡Desinfoxícate, para que no seas presa fácil de las recientes estratagemas del enemigo!”. Leer La Biblia, orar, ayunar, vigilar, compartir con hermanos, congregarse y servir constantemente nos mantendrá firmes y desinfoxicados como DIOS manda. ¡Suelta esa red social varón o varona…DESINFOXÍCATE!



