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El esclavo no queda en la casa

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El hombre realmente libre es aquel que vive dentro de la voluntad de Dios. Porque la libertad verdadera es ser siervos de la justicia de Dios, y al final recibir la vida eterna

“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre” (Juan 8:34-35).
Cuando el Señor Jesús nos habla de libertad y de que seamos verdaderamente libres, es que somos esclavos, de una manera que la mayoría de las veces no nos damos cuenta de esa esclavitud. Mayormente esa esclavitud diabólica radica en que, somos libres para vivir dentro del reino de las tinieblas, somos libres para hacer el mal, somos libres para vivir en desobediencia a Dios. Así que nadie se da cuenta de la esclavitud, porque aparentemente es libre para hacer lo que quiera, planifican sus metas, luchan por conseguir cosas que de nada les servirán, cuando dejen este mundo.
De esa manera desperdician sus vidas, alejados de Dios, luchando por fantasías ilusorias, esta es la principal estrategia del maligno. Dios creó al hombre para que fuera apegado a Dios y sujeto a su voluntad, para que disfrutara de la comunión y el gozo de Dios cada día. Pero la rebelión del hombre fue querer ser como Dios conociendo el bien y el mal, les dijo así el diablo: “sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3:5).
Pero ya el hombre era como Dios, pues, tenía su imagen y semejanza, también el aliento de vida de Dios, fue creado inmortal, pero quiso ser independiente de Dios. ¿Qué podemos concluir? Que, si somos independientes, tenemos clara nuestras metas, si sabemos qué queremos en la vida, entonces estamos en esclavitud, porque el hombre realmente libre es aquel que vive dentro de la voluntad de Dios. Porque la libertad verdadera es ser siervos de la justicia de Dios, y al final recibir la vida eterna. Dios dará todas las cosas como añadiduras, estos siempre en su oración dicen con sinceridad: “más sea tu Voluntad y no la mía”.
Hay mucha rebelión dentro de la iglesia, mucha independencia del Espíritu Santo, planifican las actividades de la iglesia por el año y después lo presentan a Dios, para que Dios haga lo que ellos quieren. Que haya buenas intenciones, no quiere decir que sea de Dios. “Si alguno tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 7:16).
¡Dios te bendiga!!!

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Fernando Regnault
Destacado autor con una trayectoria de más de 40 años dedicados al estudio de la Palabra de Dios, ha escrito más de 30 libros que abarcan una amplia gama de temas cristianos, proféticos y doctrinales. Su pasión por el crecimiento espiritual y la edificación se refleja en su extensa obra literaria. A través de sus escritos, ha impactado a lectores de diversas partes, guiándolos hacia una comprensión más profunda de la fe cristiana. Venezolano, radicado actualmente en República Dominicana.

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