
A Jesús era su naturaleza humana, lo que lo hacía heredero de todo lo que Dios le dio a Adán. La Palabra lo llama el postrer Adán, porque después de Adán, Jesús fue el único hombre que no tenía pecado
“Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad” (Mateo 13:41).
¿Por qué en múltiples ocasiones Jesús se llamaba a sí mismo; el Hijo del Hombre? Porque era su naturaleza humana, lo que lo hacía heredero de todo lo que Dios le dio a Adán. La Palabra lo llama el postrer Adán, porque después de Adán, Jesús fue el único hombre que no tenía pecado. Por lo tanto, tenía al igual que Adán la autoridad sobre todo lo creado, Él era verdaderamente libre. Jesús todo lo que hizo, no lo hizo como Dios que era, sino que muchas cosas las hizo por fe a través del Espíritu Santo, y otras cosas con la autoridad delegada por el Padre en Adán.
Porque un hombre perdió la autoridad, y tenía que ser un hombre que la recuperara, un hombre en toda la extensión de la palabra. Por eso vino Cristo en carne, para vencer el pecado en la carne por el Espíritu Santo, y abrir así un camino para que los hombres lo siguieran. Para que lo siguieran no llenos de pecado, sino venciendo al pecado por el Espíritu Santo. Dice Hebreos que, Jesús entró en el lugar santísimo como “precursor”, esto significa que Él fue el primero. Todos los que creemos tenemos que seguirle, atravesado el velo que simboliza la carne, esto es, hay que dejar la carne atrás, haciéndola morir por el Espíritu.
Muchos quieren disfrutar la vida ahora, pero según Jesús su reino no es de este mundo, en este mundo hay muerte y maldad. Tenemos pruebas que superar, gigantes que vencer, demonios que derrotar. El Señor Jesús nos dice: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere, no sufrirá daño de la segunda muerte” (Apocalipsis 2:11). En otras palabras; el que venciere tendrá la vida eterna.
No creas a los demonios que te dicen que ya Cristo lo hizo todo, nosotros tenemos nuestra parte que hacer. Tenemos que apartarnos del mundo, hacer morir las obras de la carne, tenemos mucho trabajo por hacer.
¡Dios te bendiga!!!


