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El Jardín de la Paz o la Semilla del Terror

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La carta a los Hebreos nos presenta a Jesucristo como nuestro Sumo Sacerdote, el único capaz de lidiar con la raíz del pecado / Imagen de generación propia usando IA

Tratar con lo que guardamos en lo profundo no es fácil; es una batalla real, pero es una que ya fue ganada en la cruz del Calvario. No temas acercarte a tu Salvador

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”.— Efesios 4:31.

La raíz del conflicto
A menudo miramos las noticias y nos preguntamos: ¿Cómo puede alguien llegar a tales extremos de odio? La respuesta, aunque incómoda, es que el terrorismo no nace en un campo de batalla, sino en el terreno fértil de una mente que ha dejado de amar.
El terrorista es, en esencia, alguien que ha permitido que una herida se convierta en obsesión. Se convence de que su “enemigo” es la fuente de todo su dolor y, al alimentar esa amargura, termina por deshumanizar al otro. Pero debemos ser cuidadosos: la amargura, el resentimiento y la ira son las semillas del terrorismo, y esas semillas pueden intentar plantarse en cualquier corazón humano, incluido el nuestro.

El divorcio espiritual: Arthētō
El apóstol Pablo nos hace un llamado urgente: “Quítense”. En el texto original griego, se utiliza el verbo \alpha\rho\theta\eta\tau\omega (arthētō), que conlleva una fuerza drástica: significa “ser quitado de en medio”, “extirpado” o “arrojado fuera”. No es una sugerencia de moderación, sino un mandato de ruptura total, casi como un divorcio espiritual.
No se trata de intentar “llevarse mejor” con el enojo, sino de expulsarlo definitivamente de nuestra casa interior. Cuando permitimos que el mal gane terreno en nuestro “jardín” —tal como sucedió en el Edén—, es porque hemos dejado de centrar nuestra vida en Dios para centrarla en nuestro propio dolor o ego. El terrorismo a gran escala es sólo la manifestación externa de una batalla que muchos libran en silencio: la lucha por no dejar que el odio tome el control del alma.

Una batalla espiritual y universal
Existe una lucha espiritual de dimensiones eternas que se libra en lo más íntimo de nuestros pensamientos. Cada impulso de venganza o de perdón es una decisión de qué lado estamos en el reino de Dios.
La buena noticia es que no estamos solos en esta limpieza del corazón. La carta a los Hebreos nos presenta a Jesucristo como nuestro Sumo Sacerdote, el único capaz de lidiar con la raíz del pecado. Su invitación es clara: “Acerquémonos con corazón sincero” (Hebreos 10:22). Sólo ante Su presencia se marchitan las semillas del odio y se activa el poder de la redención.

Un llamado a la victoria
Hoy te invito a hacer un inventario de tu corazón. ¿Hay alguna semilla de amargura que estés regando sin darte cuenta? Tratar con lo que guardamos en lo profundo no es fácil; es una batalla real, pero es una que ya fue ganada en la cruz del Calvario. No temas acercarte a tu Salvador. Él es tu Campeón y tu Rescatador, y ya ha vencido definitivamente al autor del caos.
Shalom Ubrajot Lekulam (Paz y Bendiciones para todos).
Tu hermano y amigo.

José “Cheo” Lobatón
Pastor

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