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El Jardín de las Promesas, Jaime Alberto Garzón

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A veces, no vemos el resultado de nuestras oraciones o esfuerzos de inmediato, pero si confiamos en que Dios cumple sus promesas, un día veremos florecer aquello que parecía imposible

En lo alto de una colina, vivía una anciana llamada Abigaíl, conocida por tener el jardín más hermoso que nadie hubiera visto. Flores de todos los colores adornaban su hogar y su fragancia dulce se sentía a metros de distancia. Cada tarde, las personas del pueblo subían para disfrutar de la paz que se respiraba en aquel lugar.
Un día, una joven llamada Clara se acercó a Abigaíl y le preguntó:
—¿Cómo logras que tu jardín florezca siempre, incluso en tiempos de sequía?
La anciana sonrió y respondió:
—Este jardín no siempre fue así, querida. Hace muchos años, planté cada una de estas semillas sin saber qué iba a suceder. Hubo temporadas de lluvia abundante, pero también hubo sequías que parecían no terminar nunca. Sin embargo, nunca dejé de cuidar de cada planta, porque confiaba en que un día darían su fruto, a su debido tiempo.
—Pero, ¿cómo sabías que iban a florecer? —preguntó Clara—. Yo tengo semillas en casa que no han crecido nada, por más que las riego.
Abigaíl la miró con ternura y dijo:
—Las flores no sólo necesitan agua y sol, hija. Necesitan paciencia y confianza. Cada semilla es una promesa. Y yo confié en la promesa de que, aunque no veía nada en la superficie, debajo de la tierra Dios estaba haciendo crecer algo hermoso. Así es nuestra vida. A veces, no vemos el resultado de nuestras oraciones o esfuerzos de inmediato, pero si confiamos en que Dios cumple sus promesas, un día veremos florecer aquello que parecía imposible.
Clara se quedó pensativa y, al mirar las flores danzando con el viento, entendió que la verdadera fuerza de aquel jardín no estaba sólo en el cuidado de Abigaíl, sino en la fe que había puesto en las promesas de Dios.
Desde entonces, cada vez que Clara veía una pequeña semilla, recordaba que las promesas de Dios siempre florecen, aunque el proceso sea lento.

Jaime Alberto Garzón
Pastor Comunidad Cristiana Bogotá

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