El voto evangélico en Venezuela

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Lamentablemente muchísimos evangélicos no votan “en el espíritu”, lo hacen con la “mente natural” en vez de la “mente de Cristo” / Archivo

A tan sólo dos meses de las elecciones presidenciales a celebrarse el domingo 28 de julio, no existe una definición clara de la siempre variopinta inclinación del pueblo evangélico venezolano a la hora de acudir a las urnas electorales

Desde que se vota en la historia contemporánea de Venezuela, el voto del pueblo evangélico nunca ha sido homogéneo, sino variopinto. Salvo algunas excepciones, durante la denominada ‘Cuarta República’, la intención del voto evangélico se inclinó más hacia el partido Acción Democrática dado que respetaba más la libertad de culto en comparación con el partido Social Cristiano Copei, que era marcadamente católico y, por lo tanto, no era muy ‘amigo’ de la Iglesia Evangélica.
Mención aparte se merece la carrera por la presidencia del cristiano evangélico Godofredo Marín, postulado por el partido de orientación bíblica Organización Renovadora Auténtica (ORA), en la justa de 1988, donde resultó electo por segunda vez el abanderado de Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez; en esa oportunidad Marín llegó de cuarto con 63.795 votos, revelando que pocos evangélicos le favorecieron con el voto.
En las oportunidades donde se daba la alternancia electoral, muchos evangélicos votaron por los candidatos de Copei, especialmente cuando Rafael Caldera lideró el chiripero y ganó la presidencia por segunda vez. Ese año (1993) el pastor, médico y escritor margariteño, Modesto Rivero participó en las presidenciales por ORA, pero sólo obtuvo 20.814 votos; fue obvia la falta de apoyo evangélico a ORA, pero ayudaron a inclinar la balanza en favor del ultracatólico Rafael Caldera.
Luego apareció en la escena electoral en 1998, el teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías, al que muchos evangélicos, junto con un buen número de venezolanos, unieron sus votos y lo hicieron presidente de la República de Venezuela; cargo que ocupó en reiteradas oportunidades hasta que falleció, sin llegar a asumir el nuevo período que ganó en octubre de 2012. Meses después, en abril de 2013 resultó electo Nicolás Maduro Moros por el oficialismo.
En las muy polémicas elecciones de 2018, donde la oposición se abstuvo de participar y que muchos países no avalaron, resultó reelecto el actual presidente Nicolás Maduro; en esa oportunidad participó como candidato del partido de corte cristiano ‘Esperanza por el cambio’, el pastor Javier Bertucci, obteniendo 1.015.895 votos. Hasta ahora ha sido la mayor votación obtenida por un candidato evangélico; sin embargo, no representa un alto volumen de votos frente al 23 % de la población venezolana que se consideraba como cristiana evangélica para aquel entonces.

El reto que se nos viene…
A tan sólo dos meses de las elecciones presidenciales a celebrarse el domingo 28 de julio, y donde repite nuevamente como candidato presidencial el pastor y diputado a la Asamblea Nacional por El cambio, Javier Alejandro Bertucci Carrero, no existe una definición clara de la siempre variopinta inclinación del pueblo evangélico venezolano a la hora de acudir a las urnas electorales.
Muy a pesar de las reiteradas actividades realizadas y ayudas entregadas por el aspirante a la reelección, Nicolás Maduro, a un sector de ministros y congregaciones cristianas evangélicas del país (como también lo hiciera en su tiempo el partido Acción Democrática), no le garantiza el voto cristiano venezolano; como no hay garantías tampoco que favorezcan al pastor Javier Bertucci, aunque bíblicamente sea lo más sensato; pero, lamentablemente, muchísimos evangélicos no votan «en el espíritu», lo hacen con la «mente natural» en vez de la «mente de Cristo».
Por otro lado, está María Corina Machado con sus votos endosados a Edmundo González Urrutia; goza del aprecio de muchos evangélicos, aun a sabiendas que ella apoya la perversa Agenda 2030 de la satánica élite globalista con su depravada ideología de género que lidera el lobby LGBTIQ+. Ese ha sido el pecado no sólo de los evangélicos venezolanos, sino también el de la inmensa mayoría de todos los cristianos del Occidente del mundo, seguimos «pereciendo por falta de entendimiento».
La verdad sea dicha, los evangélicos venezolanos siempre han sido una representación de la realidad de Venezuela, a ellos también se les encuesta y sus preferencias arrojan las mismas estadísticas, porque estos, como el resto de los venezolanos, siempre votan «por el menos malo» y pocas veces disciernen la alternativa que espiritualmente más le conviene al país.
Basta con que cualquier candidato se aprenda unos cuantos versículos y los lance en público, se autocalifique como «cristiano» y prometa hacer con las iglesias evangélicas lo que tanto hemos deplorado y que siempre han hecho los gobernantes con el Vaticano, para que muchos evangélicos se pongan eufóricos, pierdan la brújula espiritual y terminen favoreciendo con su voto a los políticos populistas, aunque espiritualmente estos sean enemigos de Dios.
(Si lo anterior no es con usted, le felicito, no tiene porque darse por eludido. Pero si es con usted, reflexione, ore y siga la directriz del Espíritu Santo antes de votar).
¡Que el Señor nos ayude y tenga misericordia de Venezuela para que en verdad podamos vivir «quieta y reposadamente»!

Georges Doumat B.

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