
Cuando yo no tengo una vida de altar genuina lo que veré es vanidad y adivinación mentirosa, ambas cosas con condenadas directamente por la naturaleza y esencia de Dios
1. ¿QUIÉN ES DIOS EN EL TEXTO?
– Santo, Santo, Santo.
– Estricto.
– Exigente.
– Soberano.
– Juez justo.
2. ¿QUÉ ME ENSEÑA EL TEXTO?
¡Qué peligro es hablar por hablar! ¡Qué peligro es hacerme ver como enviado del Padre cuando en realidad ni siquiera he estado en su presencia!
Mi corazón no puede involucrarse en la profecía. Sólo debo aprender a escuchar muy bien la voz de Dios y declararla tal cual como fue escuchada. Seré juzgado por cada vez que no sea así.
La verdadera Palabra de Dios debe primero confrontar la vida del profeta para luego salir del mismo profeta, por eso se declara:
Hebreos 4:12: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”.
Por eso veo un Dios tan radical en este tema. Con la profecía no se juega.
Para yo poder profetizar primero debo haber estado en la brecha y haber edificado muro alrededor de mi pueblo (v5). Primero tiene que haber una verdadera y genuina intercesión y clamor.
Seguramente eso era lo que estaba haciendo Ezequiel cuando caminaba por el río Quebar: Clamando y humillándose ante Dios por el oprobio de Israel. ¡A esos son los que Dios les abre les cielos para que vean y escuchen su voz y profeticen!
¿Cuántas brechas he cubierto y cuántos muros he edificado en intercesión por NAGUANAGUA, Carabobo y Venezuela? ¿Tengo autoridad para profetizar sobre mi país? ¿He escuchado la voz de Dios en ese altar?
¿Cuánto he clamado por Bogotá o República Dominicana para poder profetizar sobre ellas?
¡Esto es serio!
¡Me lleno de temor y temblor!
Cuando yo no tengo una vida de altar genuina lo que veré es vanidad y adivinación mentirosa (v6), ambas cosas con condenadas directamente por la naturaleza y esencia de Dios. ¡Es una gran ofensa para Él! Hablar por hablar hará que más bien Dios se ponga en mi contra y me saque de su pueblo (v9).
Sigo insistiendo: ¡Esto de profetizar es serio!
¿Cómo es que a veces tomo esto tan a la ligera? ¡Debo arrepentirme!
En realidad esto es muy profundo:
Cuando yo no estoy en la brecha ni edifico muro espiritual sobre el pueblo, los pondré a edificar muros que serán derribados por el mismo Dios (v10-16), es decir, seré fuente de maldición al pueblo que Dios ama.
¡Dios, guárdame de dirigir construcciones que no son aprobadas por ti!
Cuando yo hablo lo que no debo hablar, desde mi propio corazón, coloco “velos mágicos” en los ojos y el alma del pueblo (v18). Los guiaré a destinos alejados del propósito de Dios para ellos. Incluso mataré al que no debe morir y daré vida al que no debe vivir. Es decir, la palabra de un profeta mata y da vida, pero debo asegurarme de que todo venga de Dios y no de mi corazón. ¡Qué peligro!
Es impresionante cómo Dios ama a su pueblo y terminará librándolo de los engañadores. Creo que esto todavía sigue vigente. Creo que viene una limpieza al cuerpo de Cristo. Caerán por tierra los “vendadores mágicos” y yo no quiero ser uno de ellos. Caerán los que no prediquen Evangelio Completo y Verdadero, los que entreguen un evangelio barato que busca profetizar lo que el pueblo quiere escuchar y no lo que debe escuchar. ¡Señor líbrame!
¡Yo no quiero ser de los que entristecen al justo y fortalecen al impío! ¡No quiero ser de los que pudiendo librar al impío del desastre invitándolo al arrepentimiento, no sólo lo dejé morir en su pecado, sino que le di ánimo para que continuara en él! (v22).
Termino este artículo con lágrimas y mucho temor.
Mi llamado es serio, debo cuidarme yo para poder cuidar a los que me escuchan.
3. ¿CÓMO VOY APLICAR ESTA ENSEÑANZA EN MI VIDA?
No puedo hacer otra cosa que terminar de rodillas pidiendo perdón por todas las veces que he sido falso y colocado vendas mágicas en los ojos del pueblo de Dios.
Clamo para que Dios limpie mi corazón y lo coloque a Merced de su voluntad. Para que mis oídos escuchen su voz y hable Su Palabra y no la mía. Sea para Venezuela, Bogotá o Republica Dominicana, o a donde sea que Dios me envíe, deseo ser de los que dan ánimo al justo y lleva a arrepentimiento al impío.
Carlos Juárez
Pastor Iglesia Misionera Nueva Jerusalén
NAGUANAGUA-VENEZUELA


