Hace dos décadas atrás, un joven labrador vio a una paloma herida, era la primera vez tenía una pequeña ave entre sus manos, miró a los lados, hacia arriba y hacia abajo; pero no observó nada extraño. La paloma andaba sola, José se percató que sangraba su ala derecha, sin dudarlo, corrió a la casa de campo y buscó el botiquín de primeros auxilios. El ave con sus ojitos cerrados debido al intenso dolor, interpela al salvador:
—¿Por qué me ayudas? ¡No sabes nada de mí, déjame morir, no he cumplido el deber que se me asignó hace años!
José quedó perplejo, pensaba: “Estoy vuelto nada, soy un loco, ahora escucho hablar a un ave malherida, ¿esto será real, o estoy soñando otra vez?, ¿quién la enviaría a esta tierra llena de gente mala?”. El sudor bañaba la frente del horticultor, sus manos temblorosas sostenían unas gasas con sangre. Dijo malhumorado:
—¡Déjame tranquilo espíritu loco del bosque, yo no estoy aquí para perderme con tus alucinaciones! De esto me habló mi padre antes de morir en el huerto… ¡Oh, mi viejo, cuánta falta me hace, no quie…! Le interrumpe el ave:
—No me interesa nada tu vida, ni la mía. Por mí, para de hablar, no te quiero escuchar; además, no necesito tu ayuda ni la sanidad que procuras al atenderme.
—Mi nombre es José, ¿y el tuyo? —pregunta el trabajador secándose el rostro con una toallita sucia.
—Soy una paloma autosuficiente, me escapé, dejé a todos porque creo que la vida es injusta conmigo; los demás pueden zurear felices todos los días, ¡y yo no! Me parto el lomo llevando mensajes, puedo volar; pero eso no es suficiente para mí. También tengo sueños, le pedí a Dios que me regalará la dicha de trinar en un reino del mundo, ese es mi mayor anhelo, a mí me han dado los peores dones… ¿Sabes? ¡Yo quiero cantar como esa cantante española, esa que tiene una voz…! ¡Qué desastre, mejor me callo! —algo parecido a una lágrima oscura salía de uno de sus ojos— No me tengas como un ser debilucho, soy más fuerte que cualquier águila calva. —Sentenció.
Con un tarugo en la garganta, José pudo expresar:
—¡No te comprendo! Eres la primera paloma en el mundo que habla; ¿estoy muerto, o por el hambre que tengo estoy experimentando contigo una ansiedad fuera de lo común?
La paloma perdida cerró su pico, y José vio cómo se marchaba con dos heridas; una en su ala derecha, aquella que no pudo zurcir; y otra, en un alma casi desecha. Indudablemente, Dios no concede caprichos.
Moraleja: Eres importante, acepta la mano extendida; y, por ende, reconoce los dones visibles y escondidos; sé sabio, siempre se desgastará el alma que desea el éxito y la vida de otros.



