
Con lágrimas en mis ojos y desde mis entrañas grité: ¡Ella es, ella es… La Madre más Bella: ¡Nuestra amada Venezuela!
Aquella mañana lluviosa caminaba por la costa de un majestuoso rio, se veían las vegas llenas de sembradíos. El veguero haciendo su trabajo con el ayudante al lado; de repente encontré a una mujer llorando copiosamente y desconsolada, estaba sentada en una gran piedra blanca, pude acércame y le pregunté.
_ ¿Señora, señora, por qué llora?
Ella subió su cabeza, y al ver su rostro quedé impactado, era la mujer más bella que podía existir en la tierra, corrían lágrimas por sus mejillas como la caída de agua más alta del mundo. Estoy seguro, tenía un ángel frente a mí, su cabello negro muy largo y embebido en agua, sus ojos más hermosos que el mar caribe; sentía que sin hablar me gritaba, era el sonido del shofár en pleno desierto medanal. Por cierto, su grito no ofendía, sino que exhortaba a luchar, a no desmayar; sin pronunciar ninguna palabra, solo con su mirada me decía: ¡Hijo, lo vas a lograr! Fue sobrenatural lo vivido con ella; de nuevo indagué.
_ ¿Quién es usted, Señora? Secándose el rostro con mi pañuelo, sin titubear, respondió.
_ Tengo, tantos hijos e hijas, vecinos y amigos que ninguno ve mis vestidos, nadie ve que tengo hambre; es insólito hijo, quienes pueden, no hacen nada. Hoy, me sigue cubriendo un pabellón tricolor y mi honor. Quise interrumpirla, pero con una señal indicó que no había terminado. Tomó aire y con un profundo suspiro, comentó.
He ayudado a muchos, y parte de la tristeza que siento, es que no quieren compromiso alguno para solucionar lo que vivo; más dolor vivo porque a donde han llegado mis amados hijos; los rechazan, olvidando que yo no eché a ninguno de mi presencia cuando sus hijos, padres y madres tuvieron gravísimos problemas en sus tierras de origen, yo no los negué. Hijo, aunque no lo entiendas, estoy desnuda, me han violado, han asesinado a mis hijos, otros han tenido que salir de casa por sus vidas y algunos se han suicidado porque no han soportado verme así; mis hijos son valientes, como ellos no hay otros.
Estas palabras me abrumaron, lloré con ella, le abracé, y el corazón abrió mi boca para hablarle al oído.
_ Puedo decirle: ¿Mamá? Usted es una Madre única, no he conocido persona con tanto arrojo, osadía, tanta valentía; sí, y usted sigue de pie. ¿Cómo puedo ayudarle? Siendo muy tarde, habló con sublime amor.
_ Soy tu Madre, tu eres mi hijo amado. Hizo una pausa, besó mi frente y viéndome a los ojos, continuó diciendo.
Diles a todos que no callen, hablen al mundo mi situación, que oren por mí a DIOS, conmínalos para que no me abandonen. Es lamentable, pero los poderosos prefieren mis riquezas, desean colonizarme otra vez, si no ganan algo, no pueden ayudarme. La realidad hijo, el apoyo es poco, necesito gente determinada a transformar este mal en bien. Recuérdales a mis hermanos, hermanas y vecinos que nos han dejado solos con los verdugos de familias enteras, estos con sangre en sus manos, disfrutan la vida loca. Hijo, grítales que aún vivo… ¡Sí, estoy viva!, y sé que tendré una ropa hermosa, ya no se hablará de mi condición sino de mi nuevo estado de bendición. Las violaciones que hicieron las perdonaré y recibiré a los que vengan con buenas intenciones, aquí estaré feliz, llena de gozo con todos mis hijos e hijas. Mientras escuchaba cada palabra su rostro se fue iluminando y la vi inundada de amor, fe y esperanza, pregunté.
_ ¿Quién es usted? Con firmeza dijo:
¡Soy Venezuela! Nunca más permitiré que monstruos dirijan mi vida, no más dinosaurios que se vendan como mesías. Las violaciones desparecerán porque la verdad y la paz reinarán en mi faz.
Con lágrimas en mis ojos y desde mis entrañas grité: ¡Ella es, ella es… La Madre más Bella: ¡Nuestra amada Venezuela!
Harold Paredes Olivo
Pastor, poeta y comunicador
Escrito en el año 1991.
Nueva edición.


