Dios utilizó a un militar pagano para revelarle que la salvación es un don universal. Todo eso ocurrió porque Cornelio “…oraba a Dios siempre”
La oración ha significado para nosotros una tabla de salvación para resolver problemas puntuales, algo así como un alumno que sólo estudia para “pasar” un examen; no para saber. Betty Constance nos ha enseñado que “la oración es la vida misma del cristiano”. Un creyente nos manifestó que se levantaba a las cuatro de la mañana para orar. Nos llamó la atención esa confesión y al indagar explicó: ¡Claro, lo primero que uno hace cuando se levanta es orar y dar gracias a Dios! Entendimos que esa persona se levantaba a las cuatro am. para irse a trabajar y en ese momento “también” hacía una oración, rutinaria. Su motivación no era la oración, ¡era el trabajo! Ante Dios no podemos solapar nuestras motivaciones.
Una de las más grandes manifestaciones personales de Dios a un ser humano fue la que experimentó el centurión romano Cornelio, cuando vio a un ángel entrando en el lugar donde estaba le dijo: Cornelio, “…tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios” (Hechos 10:4).
Dios utilizó a un militar pagano para revelarle que la salvación es un don universal. Algo que ¡ni los discípulos de Jesús habían comprendido! Todo eso ocurrió porque Cornelio “…oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2). Las del centurión no eran plegarias distraídas que se hacen “mientras” pensamos en otras cosas. Sus motivos eran elevados, estaban conectados con la presencia de Dios.



