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No se trata de ti, Juan Carlos Calderón

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Si puedes comprender que el elemento que conecta el propósito de Dios para tu vida con la tarea específica que estás realizando se relaciona únicamente con la gente, entonces te convertirás en un verdadero líder

En el liderazgo, los logros y los méritos personales pierden sentido cuando entiendes la conexión que existe entre el propósito de Dios para tu vida y las pequeñas o grandes cosas que estás haciendo obedeciendo instrucciones precisas de Dios.
En medio de los pequeños pasos que estás dando, hay una suerte de proceso externo lleno de circunstancias y procesos desagradables que pueden parecer incomprensibles, por no decir innecesarios, pero que debes pasar para ser transformado de tu condición actual de aprendiz de líder a un verdadero líder de alto impacto.
En ese entorno hostil e incómodo en el que te encuentras dentro del laberinto haciendo todo lo que Dios deposita en tu corazón para que lo realices, debes sentirte privilegiado por el hecho de ser llamado para una tarea, una temporada y un lugar específicos.
En tal sentido, nada de lo que hagas tendrá un mérito personal sólo porque lo estás haciendo tú. Dios se agrada cuando lo realizas, pero el objetivo final es que miles de personas sean bendecidas a causa del propósito que Dios ha depositado en tu vida.
Si puedes entender esto claramente, es decir, si puedes comprender que el elemento que conecta el propósito de Dios para tu vida con la tarea específica que estás realizando se relaciona únicamente con la gente, entonces te convertirás en un verdadero líder. Dios no te dará una asignación para que la gente te aplauda, aunque en algunas ocasiones esto podría ocurrir. Dios necesita a alguien que esté disponible y dispuesto a obedecer sus mandatos y liderar en consecuencia.
Líder: Cuando Dios le dijo a Noé que hiciera el Arca, no le dijo que, una vez terminada, se asomara afuera para recibir aplausos de la gente. El objetivo del Arca era salvar a su familia y a los animales de la inundación que venía debido a un juicio, pero nunca un premio. La recompensa de Noe estaba en la eternidad y no en sus méritos (aunque honestamente tiene muchos) si no, en el cumplimiento del plan de Dios para salvar a un remanente del cual saldría el pueblo escogido por Dios para que Jesús viniera al mundo.

Nota: este artículo fue escrito sin inteligencia artificial.

Juan Carlos Calderón
Presidente Escuela de Liderazgo de Alto Impacto (ELAI)
@jccalderonn

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