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No se trata de torcerle el brazo a Dios

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Imagen propia generada por IA

Dios siempre hace justicia y sus respuestas siempre son oportunas. Él siempre nos da lo que a su juicio necesitamos

La parábola de la viuda y el juez injusto en el capítulo 18 de Lucas, se ha convertido en una punta de lanza para quienes, equivocadamente ven en este pasaje a la figura de la insistencia como un elemento de presión para que Dios nos dé lo que pedimos. Tenemos que aprender a leer y a estudiar la Palabra de Dios, para que percibamos lo que se nos dice en ella; no lo que nosotros queremos que nos diga.
Dios siempre hace justicia y sus respuestas siempre son oportunas. Eso no significa que en cada ocasión satisfagan siempre nuestro particular deseo de lo que entendemos por justicia, o por respuesta oportuna. Él siempre nos da lo que a su juicio necesitamos. El pueblo de Israel pidió un rey porque quería ser como las demás naciones. Esa no era la voluntad directiva de Dios para ellos, el Señor les advirtió cuáles serían las consecuencias, pero en su voluntad permisiva accedió, porque tampoco era pecado que tuvieran un rey. La historia demostró la equivocación de Israel. Con honrosas excepciones, la mayoría de sus reyes indujeron a la nación a pecar; con las dolorosas consecuencias que eso les trajo.
La razón de ser de la parábola fue “sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar”; no fue la de intentar torcerle el brazo a Dios para que, de tanto insistir, nos dé lo que le pedimos. Este juez impío accedió a cumplir con su deber porque la viuda le era “molesta”; la razón de su respuesta no descansa en la misericordia, sino en la achacosa insistencia de una mujer atormentada.

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